"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

miércoles, 17 de junio de 2009

El artista del humo

   El artista del humo encendió su enésimo cigarrillo diario. En numeración ordinal, este ocupaba el puesto trigésimo séptimo, pero él no lo sabía porque no sabía contar cigarrillos. A partir del segundo, todos eran enésimos para él; y si le hubiéramos sorprendido fumando se en concreto también habríamos podido decir que estaba fumando su enésimo segundo cigarro sin que él se escandalizara por la acusación implícita: la de ser un "exagerado" por fumar de esa forma, enésimamente.
   El humo era creativo a partir de esa cifra temprana de lo enésimo, pues el primero era de puro ensayo, sin valor artístico: lo fumaba porque era su deber, porque no había más remedio para desplegar todo su arte.
  Pero del enésimo segundo en adelante ya se consideraba un creador: se divertía, se sentía realizado. El que su obra se esfumara tan rápido en el aire no llegaba a deprimirle por mucho tiempo pues, como buen artista, tenía pasión y disciplina para encender los enésimos uno detrás de otro. Como debe ser en estos casos, el humo lo era todo para él, la obra de su vida.
   Obviamente, nadie compartía su entusiasmo... Aunque eso es lo normal tratándose del Arte.
   Pero volvamos a lo dicho al comienzo: "el artista del humo enciende su enésimo (el trigésimo séptimo) cigarrillo del día cuando...". Es fácil saber cómo sigue esta frase: porque, detrás de un condicional, siempre aparece un psicólogo. Y, como era previsible, ese psicólogo amonesta sin pérdida de tiempo a nuestro artista con una densa humorada propia:
   _Permítame decírselo: es usted un compulsivo succionador, amigo. Apuesto a que en su remota infancia fue usted un mamoncete precozmente frustrado.
   Por descontado que el artista del humo no se digna contestarle. Al revés: él apura el ritmo de las caladas para poder encender cuanto antes otro enésimo. (El trigésimo octavo, según nuestros cálculos).
   En cambio su arte no echa cálculos: solo echa humo, volutas de humo.
   A base de volutas: es así cómo nuestro hombre se fuga...
   ¡Y es que sabe latín!

lunes, 15 de junio de 2009

Acta sobre la fuga del siñori Niche

   La patrona lo contó con pelos y señales a los carabineros que acudieran a cumplimentar el informe sobre el loco:
   _Fue hace unos días -les dijo la buena mujer-. Aquí mismo, al otro lado de esta puerta: le vi a través del ojo de la cerradura.
   _¿Y por qué miró usted a través del ojo de la cerradura? -quiso saber uno de los agentes.
   La dueña le observó desconcertada por el absurdo de aquella pregunta. ¿Acaso el siñori caravinieri suponía que ella podía ver a través de las paredes?
   _¡Anda, qué pregunta! -se inflamó-. ¡Pues no iba a llamar a su puerta para que supiera que le estaba viendo!
   El siñori Niche estaba en cueros, con todo aquello al aire (al pronunciar "aquello", la testigo  dibujó una O con los labios, abriendo mucho los ojos).
   _Tengo entendido que era un gran hombre: eso lo explica.
   Ahora eran los dos caravinieri los desconcertados. ¿El "aquello" explicaba que fuese un gran hombre...? Decidieron no anotar esta opinión en la libreta de atestados.
   _Continúe.
   _Bailaba y daba saltos de cabra. De un brinco se subía al sofá, y de otro volvía al suelo. Tenía buenas piernas el siñori profresore... ¡Y de la tercera no era manco, no señor!
El mismo agente de antes intervino para reprimirla:
   _No hay mancos de pierna, señora: los mancos son de brazo.
   _¡Qué brazo ni qué niño muerto! ¡Aquello era una pierna casi tan grande como las otras dos, que yo la vi con estos ojos a través de la cerradura!
  En apariencia los agentes admitieron la objetividad del testimonio, pero no hicieron (ni anotaron) más comentarios a propósito de la "pierna" en disputa.
   _¿Qué pensó a la vista de ese comportamiento? -dijo el segundo caravinieri-. Pensaría que estaba loco, supongo...
   _¡Oh, no, siñori, nada de eso! -protestó la patrona-. Una ya ha visto muchas cosas en esta pensión. No, siñori: sólo pensé que era alemán.
   _¿Y qué tiene que ver que fuese alemán?  -inquirieron a la vez los dos funcionarios.
   _¡Anda que no lo saben ustedes mejor que yo! ¡Pero si lo sabe todo el pópulo! ¡Que la locura es una enfermedad alemana, siñoris! ¡Lo sabe todo el pópulo!

...El siñori Niche se había abrazado a un caballo esa misma mañana en una plaza del pópulo de Turín. Se había arrojado al cuello de un caballo, llorando como un niño sensible que es testigo del castigo que un hombre propina a un animal. Aquel alemán que en su momento no había tenido piedad de Dios, se conmovió hasta perder la razón ante la sinrazón de golpear sin piedad a un ser irracional. Y justo antes de ese acto (para el que es necesario haberse vuelto loco de remate, como sabe cualquier pópulo de cualquier país) otro testigo imparcial afirmó que le había oído decir estas palabras entre sonrisas enigmáticas, tal vez ya enajenadas:
  "Después de mi fuga, la Humanidad quedará partida en dos mitades".

sábado, 6 de junio de 2009

Incluso Aquiles

   A veces pasa: una fuga que no aborta a tiempo y se llena el mundo de tristeza. Cada cual tendría una que denunciar, si quisiera hacerlo. Yo también tengo la mía y quiero: a pesar de todo es una fuga, y esta fuga trata de ese hilo que ata en una u otra lógica la vida de cualquiera. Si la lógica es de fuga, el hilo consiste en un largo adiós que se desgrana como un rosario y se recita por orden de misterios. Según eso, el primero es el del niño y dice maravillas como ésta: "Las piedras son una especie vegetal, y crecen en la tierra gracias al riego ocasional de alguna torrentera".
   El segundo es de la madre y sueña a todas horas un órdago de leche y quintales de ternura para la infancia de los pobres.
   El tercero es de ese país cuyo horizonte se desdobla, por un lado, en una inmensa hilera de jorobas de color naranja, y por otro, en un mar hipócrita que se deshace en lenguas que mienten en nombre de la paz.
   El cuarto pertenece a un caballo que abreva estrellas en la charca del cielo austral, y en el resto de las latitudes pasta hombres todavía verdes como si fueran hierba.
   El quinto, que no es malo, es de la sangre joven que se escapa en ríos por la calle y tizna las aceras con el rojo de la alegría y del desorden.
   El sexto nos habla de un cuello y un verdugo que se enamoraron, y de los mutuos regalos que se intercambiaron al pie de un árbol.
  El séptimo es un cuento infantil del que no se entiende una palabra si quien lo escucha no toma la precaución de cerrar los ojos.
   El octavo no resuena en la patria chica ni en la grande, a falta de eco que lo amplifique entre los compatriotas.
   Y el noveno es una exclusividad de la luz: la cosa más dulce para todos los mortales, incluido Aquiles.
   "Si lo pienso bien, hay como un hilo de fugas engarzando todas las edades de mi vida" (fue lo último que dijo aquella fuga que no supo cómo abortarse).

viernes, 5 de junio de 2009

Bueno, ¿ y qué?

   Es de carácter naturalmente gozoso y de ahí la lentitud en el proceso general de su madurez. El buen sabor se obtiene a fuego lento, no sólo en la cocina. Lo cual no quiere decir que ella aprecie a los hombres que se sientan para poder pensar: de tal costumbre, en la mayoría de los casos lo que se obtiene no son pensamientos sino almorranas (la confusión viene de que ambos resultados ocasionan, a veces, los mismos dolores agudos).
   Seamos justos: es lenta, tardona, impuntual... Bueno, ¿y qué? Las mejores novias tienen defectos que no las incapacitan para ser excelentes esposas. Esta, además, es promiscua. Rebobino la argumentación imbatible: bueno, ¿y qué? No hay que dejarse impresionar por un pequeño lunar en un sitio inoportuno: que se vaya con todos no significa que se venga con cualquiera, no sé si me entienden.
   ¿Y si así fuese...? Bueno, ¿y qué? No nos pongamos tiquismiquis. Además, sería como ponerle puertas al campo, y luego pasar de una intemperie a otra cerrando a nuestra espalda de un portazo: total para quedar afuera. Absurdo, ¿no? Entonces... ¿por qué no amarla como ella quiere ser amada: dejándola irse a cada instante, irse lentamente, como es su gusto?
   Mujer fácil, difícil de querer. 
   Recordémoslo otra vez: lo que se dice de la puta vale para la fuga. Pero, si ella es lo mejor que le puede suceder a un cobarde, ¿con qué podría retenerla este un solo instante si nunca fingiera tener valor...?
  Les aseguro que se acostará cada noche con ustedes si la convierten en su razón de ser. 
   (Siempre que no se duerman enseguida a su lado, claro está, pues acostarse con la razón, sea la que sea, tiene sus riesgos, y el mayor es no cambiar de postura: no sé si me entienden).

miércoles, 27 de mayo de 2009

De putas con la fuga

   Es la Fuga la que hace la esquina en cada calle de la ciudad. Sin ella, incluso las amplias avenidas no tendrían escapatoria, serían callejones sin salida cerrados por el muro del horizonte. Lo que se dice de la puta, vale para la fuga: a la vuelta de la esquina nos ofrece sus servicios, el paraíso en un minuto, un orgasmo rápido de afueras, de extrarradio, la gloria fugaz de una pasión que no ensombrece al no haber estado nunca bajo los focos.
   Durante un minuto, entre sus muslos fugitivos hemos soñado una traición (la fama de los hombres, la hazaña de los héroes, la indiferencia de los dioses o la inconsciencia del animal) por un precio módico que pagamos religiosamente en moneda falsa. Pues a la Fuga hay que estafarla por decencia: para que no se aburguese y se retire, para que siga en su esquina como buena funcionaria del placer, con las medias bajas y el rímel corrido.
  Somos rústicos que la acosan con modales fanfarrones. Somos señores dignos que la suben a sus rodillas para hacerle de "papis". Somos simples estafadores a los que ella explota fingiéndose niña desprotegida: en éso es una artista que borda el papel.
  He sabido que huyó de un circo donde hacía de enana y que se metió a puta para pasar por adulta. La vida es dura para una fuga, igual que para todos, los prostituidos y los que no. 
  Pero ella siempre conservará su esquina sin la obligación de ser notoria, pues  la notoriedad no le ayudaría en su carrera. Con el tiempo, quizás llegue a madamme y tenga su propio negocio, pero si eso ocurre nadie tendría motivos para alegrarse. En realidad, sería fatal. La buena suerte en primera línea significa: ¡abran paso a la desgracia!
  Obsérvenla ahí parada, en la puerta sin goznes de su casa: en esa esquina que recibe, por sus dos caras, el caliente homenaje de los perros y la mirada paranoica de los mendigos. ¿Existe un retrato más favorecedor de la Libertad, suponiendo que esta palabra todavía signifique algo para nosotros...?
  Yo lo afirmo: no hay perspectiva que se parezca más a esa entrañable quimera. Punto
   y aparte: la Fuga.

Breve historia de dos hermanos

   Un hermano mayor y atolondrado de la Fuga es el Arrebato. El convulso útero de la Precipitación engendró a estos vástagos tan dispares entre sí en carácter. El "chico" salió como su madre, impulsivo y violento. La "niña" todo lo contrario: contenida, calculadora.
  El vehemente muchacho derivará incorregible salvo que el desenlace de alguna de sus tropelías le conduzca de vuelta al seno materno, a saber: al precipicio. Entonces volverá a ser pacífico y apático, como buen perezoso.
   La señorita, en cambio, avanzará contra el ejemplo dado en su propia casa, es decir, tomándose su tiempo: es lenta por naturaleza, pero no perezosa como su hermano (la verdadera pereza sólo actúa impulsivamente).
  Nuestra precavida joven se detiene a cada paso, pero nunca retrocede, pues ella no es de donde viene sino de adonde va: cartografía primorosamente los vientos y mantiene el rumbo trazado sobre el plano. Si, de repente, la azotaran por la proa imprevistas y furiosas rachas de nostalgia, plegaría las velas pero aparejaría los remos. A brazo partido también se sigue adelante cuando el que sigue tiene la lentitud por costumbre. Ella sabe que el que se apresura pasa de largo, y quien pasa de largo retrocede más rápido por el efecto singular de la singladura curva, que es ley universal.
  Su arrebatado hermano mayor desconocía el fin tan perseguido: lo persiguió por tener prisa, simplemente por eso, y de ahí que su destino acabara siendo su lugar de origen: el vientre abierto de un precipicio.
  Sin embargo, la Fuga, la hermanita pequeña, ya era muy distinta desde el principio: desde el Precipicio Materno. Ella ya sabía entonces cuál sería su meta: la meta era ir lento a donde fuera, no parecerse a su madre, no precipitarse.
  _Sólo hay una forma de escapar del destino -se dijo la Fuga al nacer-: retrasarlo. Yo no permitiré que mi meta se aleje de mí hasta un diferido mañana: la haré mía ahora y lo haré despacio. Que se desespere por mi tardanza mi destino: esa es la forma.

martes, 26 de mayo de 2009

¡Calladito estás mejor!

   De las diversas formas de escapar de un bloqueo, un escritor tiene que elegir llegado su momento. Aquí las artimañas de la fuga son variadas y sorprendentes, y acaso estén ya recogidas en catálogos publicados por escritores reconocidos que salvaron esa encrucijada muchas veces: ¿de qué otra manera habrían podido recopilar el material para esas hipotéticas publicaciones, si los escritores no hablan entre sí de sus vergüenzas?. 
  A mí particularmente me avergüenza ese estado, para el que he desarrollado mi método personal a la hora de fugarme. Me digo y me repito esta conseja, hasta hallar la salida: " No lo comentes. Calladito estás mejor".
  Y es que ya se sabe: son pocas las fugas que tienen éxito si uno no sabe callar. Hace tiempo conocí a otro escritor que había hallado su modo particular de huir del bloqueo, otro modo de poner en práctica mi "calladito estás mejor". Ese tipo era soltero y por eso pudo guardar su secreto tanto tiempo. El otro dato importante de esta historia es que, hasta después de su boda, nadie conocía la causa de las prótesis de titanio con las que le habían sustituido ocho de las diez falanges distales en los dedos de sus manos.
  Un día (el siguiente al regreso de la luna de miel) su flamante esposa reveló a gritos al mundo el secreto que lo mutilaba tan ejemplarmente: lo había sorprendido en su estudio sacándole punta con un afila-lápiz a uno de los dos meñiques que todavía conservaba intactos. Más tarde, ya repuesta del susto, la mujer revelaría también las palabras que él le dirigió mientras se afilaba su penúltima falange sana:
   _Tengo un bloqueo. Me afilo el dedo porque la pluma no suelta prenda: es mi manera de vencerlo. Y tú estate callada, ¿me oyes...? ¡Calladita estás mejor!
   Sé de buena tinta que, hoy en día, su particularísima forma de fuga ya ha comenzado a hacer estragos entre los dedos de sus pies.     ¿Y qué pasará cuando en sus cuatro extremidades ya sólo haya dedales de titanio...? 
  ¡Cualquiera sabe! Tal vez entonces deba recurrir a los catálogos anti-bloqueo de escritores más mediocres como yo.

martes, 12 de mayo de 2009

El Camaleon en su tinta

  

   Siempre va desnudo este Cambiachaquetas. Los ojos, cada cual por su lado, denuncian la inquietud propia del esquizoide y espían las cuatro direcciones del espacio. La fuga está en sus genes como memoria cancerígena, y por ello maneja la gama de los colores con suma habilidad: cual tahúr una baraja.
   La Fuga tiene en él a uno de sus símbolos universales. Es un fugitivo en la medida que sus dones naturales le hacen invisible. Ama las mañanas pero no por laborioso, sino por ser esas las horas más preciosas para los seres inactivos, pues la quietud se hace más dulce bajo la juventud del sol.
Solitario a jornada completa, prefiere la rápida agudeza del ingenio que caza la atención a su alrededor durante un breve instante, para luego replegarse a su castillo de silencios con igual velocidad.
   Es parco de lengua pero, cuando la exhibe, jamás falla. Todos sus cambios obedecen al medio en que se mueve, en el que no se mueve, y no le incumben en lo hondo. Su credo es superficial y se llama Disimulo, aunque él sea firme en su núcleo de santón. Demonio del "buenismo bienpensante", le resbala la maldad del mundo por su piel impenetrable y policroma.
   Aun siendo tan gregario en su manifestaciones, apenas participa en sociedades por aversión al grupo, y, de tanta soledad en rama, le ha nacido un brote de amargura con algunas flores agresivas.
De ahí que le incomoden tanto sus congéneres con su bruma de emociones: vivir sin compromisos es recibir la luz sin filtros que la desvitalizen. El lo aprendió en los desiertos, allí donde el agua hace siglos que aprendió a fugarse.
   Su ley es lo que le convierte en sospechoso. Con la mudanza constante intenta disimular un delito que no se perdona: la excesiva quietud, ese perder todo el día en la espera de una mosca, sin mover un músculo...
   Hermano en espíritu del escritor, te saludo y te compadezco. ¡Nos vemos en la fuga!

lunes, 11 de mayo de 2009

Faire la belle


   Como no podía ser de otra manera, en Francia la fuga más corriente c´est belle. Vulgarmente, allí los que se evaden no se fugan: no se dan el piro, para entendernos. Como expresión linguística (para ellos, los franceses) "darse el piro" sería una expresión más bien burda y poco o nada estética, por admirable que les parezca el acto concreto al que alude. En la tierra de la literature, la fuga, incluso la más ordinaria, tiene categoría artística y así se reconoce en el lenguaje coloquial.
    Para un francés, fugarse es, literalmente, "hacer la bella" (faire la belle). Incluso un petit delinquant alcanzará allí reconocimiento como gran artista si no se limita a cumplir su condena echándose a la bartola, acomodándose a lo burgués. El ansia de libertad que desprecia el afán civil de reinserción, de integración, delata al nacido para el arte. En esto la psicología popular no se equivoca: el pueblo sabe que el arte es bella evasión (y no sólo lo sabe el pueblo francés).
    En todas las naciones, en todos los idiomas se sospecha que hay belleza en la Fuga, en su ejecución o en su plan. Puede que los planes de fuga sean todavía más bellos que la fuga en sí, pero no son tan intensos como la acción de fugarse, y eso cuenta cuando lo que está en juego es la vida como proyecto mismo de la Belleza. Porque el arte no es más que éso: el proyecto de hacer bella la vida, esta prisión.
   "Faire la belle", dice ese pueblo literario inventor de la Liberté (no lo olvidemos) cuando admira la exitosa fuga de una cárcel. Pero cárcel c´est la vie también, (aussi, autant).
    El arte no es más que éso: una fuga del vivir sin intensidad de los que se sienten encerrados en vida. Es decir, que el artista, como cualquier delincuente que no se resigna a integrarse, faire la belle para darse el piro de la vida.
    De la vie, insisto.

¡A Katanga!


   La humanidad no sobrevive sin la Fuga. Dar portazo, hacer las maletas, comenzar de cero, ser anónimo... Para el "yo" es opresiva la circunstancia, cualquier circunstancia. En el transcurso del vivir, siempre llega el momento en que la vida está en otra parte.
   La mercantilización de la fuga (el viaje programado) es el inmortal sueño de los esclavos modernos que gozan de planes de pensión: el exilio controlado del Yo Cotidiano es el gran negocio del presente, a falta de poder viajar con billete de ida y vuelta a las tierras vírgenes de la Esquizofrenia, el destino más inaccesible, el exótico máximo. Como Santa Marta, la Imaginación tiene tren pero no tiene tranvía: una vez allí, no hay garantías de retorno. Pero el regreso, en realidad, es el objetivo de las fugas concertadas por las agencias de viajes. A falta de esa operadora en el mercado (la Imaginacíón), el sueño de todos se convierte en pesadilla recurrente que precisa un diván para ser narrada ante un profesional de la escucha: el terapeuta, nuestra pareja, el mejor amigo, el compañero de trabajo, un vecino... La fuga, incluso la más vana y pasajera, descubre novelistas.
   Pero aún así la vida sigue estando en otra parte. Y Otraparte es Ningunaparte, y Ningunaparte es Cualquierlugar. Al final de estas equivalencias es donde aparecería Katanga: un seudónimo feliz de esa patria sin nombre que es cualquier lugar de ninguna parte.
   Sin latitud en los mapas geográficos, sin reseñas en los libros de historia, Katanga fue fundada por un golpe de genio de un olvidado profesor de literatura como solución de urgencia para no tener que expulsar de clase a ciertos alumnos que tendían a distraerse. Es decir, que frecuentaban la fuga:
   _¿De qué estábamos hablando, señor Soto?... Ya, no me lo diga: estaba usted en cualquier lugar de ninguna parte.
  En los protocolos punitivos de aquel instituto, tales evasiones merecían la expulsión inmediata. Pero él era un hombre imaginativo que veneraba la Imaginación, a la que nunca se atrevería a reprimir. Así que inventó la "solución Katanga" para evitar tomar medidas tan drásticas: en vez de echarnos, nos exiliaba benévolamente a ese país ideal que no figura en ningún mapa.
   _¡A Katanga, señor Soto!... ¡Y cójase todo el tiempo que precise: aquí no le necesitaremos hasta el trimestre que viene!
  Desde entonces Katanga es para mi otro sinónimo de fuga: la ilocalizable patria del No-Estar, que tanto añoro...

A propósito de uno que salió a comprar tabaco y no volvió


   "Aquella alta (por noble) ignonimia era incívica y singular, imprevisible e imperiosa. Para justificarla apelaba al tirano con el que compartí la placenta hace ya tanto tiempo: es obvio que se trataba de un acontecimiento exclusivo del planeta Niño, cuya longitud de onda se registra en el espectro del infrarrojo extremo..."
   Esto es hacer literatura, no escribir. El que sólo escribe tiene otras opciones. Por ejemplo, podría decir la verdad sin pulirla en exceso. Probemos:
   "Nadie lo comprendería, y me sentí muy solo. ¡Fue tan repentino y arrebatador! Sabía que estaba siendo cruel, pero la mía era una crueldad fisiológica, sin culpa. Nunca antes había sido tan impulsivamente infantil, pero tampoco anteriormente había tenido mayores pruebas de mi existencia..."
   El cronista de Fugas usa el lenguaje para devastar, no para pulir. La devastación es una operación bruta pero nada sencilla, pues el golpe ha de ser preciso: él no puede permitirse arruinar la pieza. El interés de este artesano está en saber elegir las aristas adecuadas, y en despreocurse del brillo que despidan las facetas resultantes.
   Queda una tercera versión posible para el relato de los hechos. Es la menos pulida pues en ella no hay caras: sólo aristas afiladas.
   _Deme un ducados.
   _¿Duro o blando?
   _Déjelo, ya no fumo. ¿Sabría usted decirme a qué hora sale el próximo tren para Katanga...?

Sobre gusanos y contrapuntos


   De la música deriva otro significado para la Fuga: "la fuga es un tema y su contrapunto". El hecho de fugarse presupone el des(h)echo de quedarse. El contrapunto es un fondo inmóvil que la Fuga desecha al consumarse: lo desecha pero no lo abandona, pues sin él perdería intensidad dramática y su drama degeneraría en pantomima.
   El contrapunto del fugitivo es el lugar del que huyó. Son algunos ejemplos: una casa, una celda, un país, una causa, un hombre o una mujer. Acaso la vida misma pudiera ser Contrapunto si el fugitivo fuese un muerto (está podría ser la razón práctica del fantasma). Por lo demás, cuando el muerto se fuga de su féretro, también se podría hablar de fugas de cajón, pero en este caso serían literales y no literarias.
   "De cajón", se dice de esa literatura fantasma que no consigue regresar con su contrapunto: sus posibles lectores (que no los hipotéticos). Si bien al escribirse ésta los desecha en acto, también en el acto los evoca desde el momento en que seguirá inédita.
   Para no pudrirse necesitará a esos "gusanos" que habrán de digerirla.

fugas de cajón-presenta


   Entre las acepciones de la palabra "fuga" hay una que siempre me interesó: "la mayor intensidad de una acción".
   Lo que se fuga no es algo que meramente se escapa (escapar es una acción débil). Lo que se fuga tampoco huye, sin más: no sólo se evade, sino que también se desvanece, desaparece repentina y definitivamente.
   Los objetos no tienen capacidad para la fuga, que precisa autonomía: son capaces de perderse, pero no de fugarse. Los animales sí son autónomos, pero tampoco tienen la fuga entre sus opciones vitales: dominan, en cambio, el arte de la huida pánica que conduce al extravío. Sólo el humano se fuga según la acepción de marras: intensa y dramáticamente.
   La literatura es sólo uno de los múltiples disfrazes de la fuga: tras éste es donde yo me embozo. La literatura es la fuga que yo practico. Por partida doble, además. Pues no solamente me fugo yo escribiendo, sino también mis escritos del cajón en que los encierro. Y las dos son "acciones de la mayor intensidad": verdaderas Fugas en el sentido más arriba comentado y concertado.