"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

martes, 26 de mayo de 2009

¡Calladito estás mejor!

   De las diversas formas de escapar de un bloqueo, un escritor tiene que elegir llegado su momento. Aquí las artimañas de la fuga son variadas y sorprendentes, y acaso estén ya recogidas en catálogos publicados por escritores reconocidos que salvaron esa encrucijada muchas veces: ¿de qué otra manera habrían podido recopilar el material para esas hipotéticas publicaciones, si los escritores no hablan entre sí de sus vergüenzas?. 
  A mí particularmente me avergüenza ese estado, para el que he desarrollado mi método personal a la hora de fugarme. Me digo y me repito esta conseja, hasta hallar la salida: " No lo comentes. Calladito estás mejor".
  Y es que ya se sabe: son pocas las fugas que tienen éxito si uno no sabe callar. Hace tiempo conocí a otro escritor que había hallado su modo particular de huir del bloqueo, otro modo de poner en práctica mi "calladito estás mejor". Ese tipo era soltero y por eso pudo guardar su secreto tanto tiempo. El otro dato importante de esta historia es que, hasta después de su boda, nadie conocía la causa de las prótesis de titanio con las que le habían sustituido ocho de las diez falanges distales en los dedos de sus manos.
  Un día (el siguiente al regreso de la luna de miel) su flamante esposa reveló a gritos al mundo el secreto que lo mutilaba tan ejemplarmente: lo había sorprendido en su estudio sacándole punta con un afila-lápiz a uno de los dos meñiques que todavía conservaba intactos. Más tarde, ya repuesta del susto, la mujer revelaría también las palabras que él le dirigió mientras se afilaba su penúltima falange sana:
   _Tengo un bloqueo. Me afilo el dedo porque la pluma no suelta prenda: es mi manera de vencerlo. Y tú estate callada, ¿me oyes...? ¡Calladita estás mejor!
   Sé de buena tinta que, hoy en día, su particularísima forma de fuga ya ha comenzado a hacer estragos entre los dedos de sus pies.     ¿Y qué pasará cuando en sus cuatro extremidades ya sólo haya dedales de titanio...? 
  ¡Cualquiera sabe! Tal vez entonces deba recurrir a los catálogos anti-bloqueo de escritores más mediocres como yo.

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