Siempre va desnudo este Cambiachaquetas. Los ojos, cada cual por su lado, denuncian la inquietud propia del esquizoide y espían las cuatro direcciones del espacio. La fuga está en sus genes como memoria cancerígena, y por ello maneja la gama de los colores con suma habilidad: cual tahúr una baraja.
La Fuga tiene en él a uno de sus símbolos universales. Es un fugitivo en la medida que sus dones naturales le hacen invisible. Ama las mañanas pero no por laborioso, sino por ser esas las horas más preciosas para los seres inactivos, pues la quietud se hace más dulce bajo la juventud del sol.
Solitario a jornada completa, prefiere la rápida agudeza del ingenio que caza la atención a su alrededor durante un breve instante, para luego replegarse a su castillo de silencios con igual velocidad.
Es parco de lengua pero, cuando la exhibe, jamás falla. Todos sus cambios obedecen al medio en que se mueve, en el que no se mueve, y no le incumben en lo hondo. Su credo es superficial y se llama Disimulo, aunque él sea firme en su núcleo de santón. Demonio del "buenismo bienpensante", le resbala la maldad del mundo por su piel impenetrable y policroma.
Aun siendo tan gregario en su manifestaciones, apenas participa en sociedades por aversión al grupo, y, de tanta soledad en rama, le ha nacido un brote de amargura con algunas flores agresivas.
De ahí que le incomoden tanto sus congéneres con su bruma de emociones: vivir sin compromisos es recibir la luz sin filtros que la desvitalizen. El lo aprendió en los desiertos, allí donde el agua hace siglos que aprendió a fugarse.
Su ley es lo que le convierte en sospechoso. Con la mudanza constante intenta disimular un delito que no se perdona: la excesiva quietud, ese perder todo el día en la espera de una mosca, sin mover un músculo...
Hermano en espíritu del escritor, te saludo y te compadezco. ¡Nos vemos en la fuga!
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