"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 11 de mayo de 2009

¡A Katanga!


   La humanidad no sobrevive sin la Fuga. Dar portazo, hacer las maletas, comenzar de cero, ser anónimo... Para el "yo" es opresiva la circunstancia, cualquier circunstancia. En el transcurso del vivir, siempre llega el momento en que la vida está en otra parte.
   La mercantilización de la fuga (el viaje programado) es el inmortal sueño de los esclavos modernos que gozan de planes de pensión: el exilio controlado del Yo Cotidiano es el gran negocio del presente, a falta de poder viajar con billete de ida y vuelta a las tierras vírgenes de la Esquizofrenia, el destino más inaccesible, el exótico máximo. Como Santa Marta, la Imaginación tiene tren pero no tiene tranvía: una vez allí, no hay garantías de retorno. Pero el regreso, en realidad, es el objetivo de las fugas concertadas por las agencias de viajes. A falta de esa operadora en el mercado (la Imaginacíón), el sueño de todos se convierte en pesadilla recurrente que precisa un diván para ser narrada ante un profesional de la escucha: el terapeuta, nuestra pareja, el mejor amigo, el compañero de trabajo, un vecino... La fuga, incluso la más vana y pasajera, descubre novelistas.
   Pero aún así la vida sigue estando en otra parte. Y Otraparte es Ningunaparte, y Ningunaparte es Cualquierlugar. Al final de estas equivalencias es donde aparecería Katanga: un seudónimo feliz de esa patria sin nombre que es cualquier lugar de ninguna parte.
   Sin latitud en los mapas geográficos, sin reseñas en los libros de historia, Katanga fue fundada por un golpe de genio de un olvidado profesor de literatura como solución de urgencia para no tener que expulsar de clase a ciertos alumnos que tendían a distraerse. Es decir, que frecuentaban la fuga:
   _¿De qué estábamos hablando, señor Soto?... Ya, no me lo diga: estaba usted en cualquier lugar de ninguna parte.
  En los protocolos punitivos de aquel instituto, tales evasiones merecían la expulsión inmediata. Pero él era un hombre imaginativo que veneraba la Imaginación, a la que nunca se atrevería a reprimir. Así que inventó la "solución Katanga" para evitar tomar medidas tan drásticas: en vez de echarnos, nos exiliaba benévolamente a ese país ideal que no figura en ningún mapa.
   _¡A Katanga, señor Soto!... ¡Y cójase todo el tiempo que precise: aquí no le necesitaremos hasta el trimestre que viene!
  Desde entonces Katanga es para mi otro sinónimo de fuga: la ilocalizable patria del No-Estar, que tanto añoro...

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