"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 11 de mayo de 2009

A propósito de uno que salió a comprar tabaco y no volvió


   "Aquella alta (por noble) ignonimia era incívica y singular, imprevisible e imperiosa. Para justificarla apelaba al tirano con el que compartí la placenta hace ya tanto tiempo: es obvio que se trataba de un acontecimiento exclusivo del planeta Niño, cuya longitud de onda se registra en el espectro del infrarrojo extremo..."
   Esto es hacer literatura, no escribir. El que sólo escribe tiene otras opciones. Por ejemplo, podría decir la verdad sin pulirla en exceso. Probemos:
   "Nadie lo comprendería, y me sentí muy solo. ¡Fue tan repentino y arrebatador! Sabía que estaba siendo cruel, pero la mía era una crueldad fisiológica, sin culpa. Nunca antes había sido tan impulsivamente infantil, pero tampoco anteriormente había tenido mayores pruebas de mi existencia..."
   El cronista de Fugas usa el lenguaje para devastar, no para pulir. La devastación es una operación bruta pero nada sencilla, pues el golpe ha de ser preciso: él no puede permitirse arruinar la pieza. El interés de este artesano está en saber elegir las aristas adecuadas, y en despreocurse del brillo que despidan las facetas resultantes.
   Queda una tercera versión posible para el relato de los hechos. Es la menos pulida pues en ella no hay caras: sólo aristas afiladas.
   _Deme un ducados.
   _¿Duro o blando?
   _Déjelo, ya no fumo. ¿Sabría usted decirme a qué hora sale el próximo tren para Katanga...?

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