"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

miércoles, 17 de junio de 2009

El artista del humo

   El artista del humo encendió su enésimo cigarrillo diario. En numeración ordinal, este ocupaba el puesto trigésimo séptimo, pero él no lo sabía porque no sabía contar cigarrillos. A partir del segundo, todos eran enésimos para él; y si le hubiéramos sorprendido fumando se en concreto también habríamos podido decir que estaba fumando su enésimo segundo cigarro sin que él se escandalizara por la acusación implícita: la de ser un "exagerado" por fumar de esa forma, enésimamente.
   El humo era creativo a partir de esa cifra temprana de lo enésimo, pues el primero era de puro ensayo, sin valor artístico: lo fumaba porque era su deber, porque no había más remedio para desplegar todo su arte.
  Pero del enésimo segundo en adelante ya se consideraba un creador: se divertía, se sentía realizado. El que su obra se esfumara tan rápido en el aire no llegaba a deprimirle por mucho tiempo pues, como buen artista, tenía pasión y disciplina para encender los enésimos uno detrás de otro. Como debe ser en estos casos, el humo lo era todo para él, la obra de su vida.
   Obviamente, nadie compartía su entusiasmo... Aunque eso es lo normal tratándose del Arte.
   Pero volvamos a lo dicho al comienzo: "el artista del humo enciende su enésimo (el trigésimo séptimo) cigarrillo del día cuando...". Es fácil saber cómo sigue esta frase: porque, detrás de un condicional, siempre aparece un psicólogo. Y, como era previsible, ese psicólogo amonesta sin pérdida de tiempo a nuestro artista con una densa humorada propia:
   _Permítame decírselo: es usted un compulsivo succionador, amigo. Apuesto a que en su remota infancia fue usted un mamoncete precozmente frustrado.
   Por descontado que el artista del humo no se digna contestarle. Al revés: él apura el ritmo de las caladas para poder encender cuanto antes otro enésimo. (El trigésimo octavo, según nuestros cálculos).
   En cambio su arte no echa cálculos: solo echa humo, volutas de humo.
   A base de volutas: es así cómo nuestro hombre se fuga...
   ¡Y es que sabe latín!

lunes, 15 de junio de 2009

Acta sobre la fuga del siñori Niche

   La patrona lo contó con pelos y señales a los carabineros que acudieran a cumplimentar el informe sobre el loco:
   _Fue hace unos días -les dijo la buena mujer-. Aquí mismo, al otro lado de esta puerta: le vi a través del ojo de la cerradura.
   _¿Y por qué miró usted a través del ojo de la cerradura? -quiso saber uno de los agentes.
   La dueña le observó desconcertada por el absurdo de aquella pregunta. ¿Acaso el siñori caravinieri suponía que ella podía ver a través de las paredes?
   _¡Anda, qué pregunta! -se inflamó-. ¡Pues no iba a llamar a su puerta para que supiera que le estaba viendo!
   El siñori Niche estaba en cueros, con todo aquello al aire (al pronunciar "aquello", la testigo  dibujó una O con los labios, abriendo mucho los ojos).
   _Tengo entendido que era un gran hombre: eso lo explica.
   Ahora eran los dos caravinieri los desconcertados. ¿El "aquello" explicaba que fuese un gran hombre...? Decidieron no anotar esta opinión en la libreta de atestados.
   _Continúe.
   _Bailaba y daba saltos de cabra. De un brinco se subía al sofá, y de otro volvía al suelo. Tenía buenas piernas el siñori profresore... ¡Y de la tercera no era manco, no señor!
El mismo agente de antes intervino para reprimirla:
   _No hay mancos de pierna, señora: los mancos son de brazo.
   _¡Qué brazo ni qué niño muerto! ¡Aquello era una pierna casi tan grande como las otras dos, que yo la vi con estos ojos a través de la cerradura!
  En apariencia los agentes admitieron la objetividad del testimonio, pero no hicieron (ni anotaron) más comentarios a propósito de la "pierna" en disputa.
   _¿Qué pensó a la vista de ese comportamiento? -dijo el segundo caravinieri-. Pensaría que estaba loco, supongo...
   _¡Oh, no, siñori, nada de eso! -protestó la patrona-. Una ya ha visto muchas cosas en esta pensión. No, siñori: sólo pensé que era alemán.
   _¿Y qué tiene que ver que fuese alemán?  -inquirieron a la vez los dos funcionarios.
   _¡Anda que no lo saben ustedes mejor que yo! ¡Pero si lo sabe todo el pópulo! ¡Que la locura es una enfermedad alemana, siñoris! ¡Lo sabe todo el pópulo!

...El siñori Niche se había abrazado a un caballo esa misma mañana en una plaza del pópulo de Turín. Se había arrojado al cuello de un caballo, llorando como un niño sensible que es testigo del castigo que un hombre propina a un animal. Aquel alemán que en su momento no había tenido piedad de Dios, se conmovió hasta perder la razón ante la sinrazón de golpear sin piedad a un ser irracional. Y justo antes de ese acto (para el que es necesario haberse vuelto loco de remate, como sabe cualquier pópulo de cualquier país) otro testigo imparcial afirmó que le había oído decir estas palabras entre sonrisas enigmáticas, tal vez ya enajenadas:
  "Después de mi fuga, la Humanidad quedará partida en dos mitades".

sábado, 6 de junio de 2009

Incluso Aquiles

   A veces pasa: una fuga que no aborta a tiempo y se llena el mundo de tristeza. Cada cual tendría una que denunciar, si quisiera hacerlo. Yo también tengo la mía y quiero: a pesar de todo es una fuga, y esta fuga trata de ese hilo que ata en una u otra lógica la vida de cualquiera. Si la lógica es de fuga, el hilo consiste en un largo adiós que se desgrana como un rosario y se recita por orden de misterios. Según eso, el primero es el del niño y dice maravillas como ésta: "Las piedras son una especie vegetal, y crecen en la tierra gracias al riego ocasional de alguna torrentera".
   El segundo es de la madre y sueña a todas horas un órdago de leche y quintales de ternura para la infancia de los pobres.
   El tercero es de ese país cuyo horizonte se desdobla, por un lado, en una inmensa hilera de jorobas de color naranja, y por otro, en un mar hipócrita que se deshace en lenguas que mienten en nombre de la paz.
   El cuarto pertenece a un caballo que abreva estrellas en la charca del cielo austral, y en el resto de las latitudes pasta hombres todavía verdes como si fueran hierba.
   El quinto, que no es malo, es de la sangre joven que se escapa en ríos por la calle y tizna las aceras con el rojo de la alegría y del desorden.
   El sexto nos habla de un cuello y un verdugo que se enamoraron, y de los mutuos regalos que se intercambiaron al pie de un árbol.
  El séptimo es un cuento infantil del que no se entiende una palabra si quien lo escucha no toma la precaución de cerrar los ojos.
   El octavo no resuena en la patria chica ni en la grande, a falta de eco que lo amplifique entre los compatriotas.
   Y el noveno es una exclusividad de la luz: la cosa más dulce para todos los mortales, incluido Aquiles.
   "Si lo pienso bien, hay como un hilo de fugas engarzando todas las edades de mi vida" (fue lo último que dijo aquella fuga que no supo cómo abortarse).

viernes, 5 de junio de 2009

Bueno, ¿ y qué?

   Es de carácter naturalmente gozoso y de ahí la lentitud en el proceso general de su madurez. El buen sabor se obtiene a fuego lento, no sólo en la cocina. Lo cual no quiere decir que ella aprecie a los hombres que se sientan para poder pensar: de tal costumbre, en la mayoría de los casos lo que se obtiene no son pensamientos sino almorranas (la confusión viene de que ambos resultados ocasionan, a veces, los mismos dolores agudos).
   Seamos justos: es lenta, tardona, impuntual... Bueno, ¿y qué? Las mejores novias tienen defectos que no las incapacitan para ser excelentes esposas. Esta, además, es promiscua. Rebobino la argumentación imbatible: bueno, ¿y qué? No hay que dejarse impresionar por un pequeño lunar en un sitio inoportuno: que se vaya con todos no significa que se venga con cualquiera, no sé si me entienden.
   ¿Y si así fuese...? Bueno, ¿y qué? No nos pongamos tiquismiquis. Además, sería como ponerle puertas al campo, y luego pasar de una intemperie a otra cerrando a nuestra espalda de un portazo: total para quedar afuera. Absurdo, ¿no? Entonces... ¿por qué no amarla como ella quiere ser amada: dejándola irse a cada instante, irse lentamente, como es su gusto?
   Mujer fácil, difícil de querer. 
   Recordémoslo otra vez: lo que se dice de la puta vale para la fuga. Pero, si ella es lo mejor que le puede suceder a un cobarde, ¿con qué podría retenerla este un solo instante si nunca fingiera tener valor...?
  Les aseguro que se acostará cada noche con ustedes si la convierten en su razón de ser. 
   (Siempre que no se duerman enseguida a su lado, claro está, pues acostarse con la razón, sea la que sea, tiene sus riesgos, y el mayor es no cambiar de postura: no sé si me entienden).