La patrona lo contó con pelos y señales a los carabineros que acudieran a cumplimentar el informe sobre el loco:
_Fue hace unos días -les dijo la buena mujer-. Aquí mismo, al otro lado de esta puerta: le vi a través del ojo de la cerradura.
_¿Y por qué miró usted a través del ojo de la cerradura? -quiso saber uno de los agentes.
La dueña le observó desconcertada por el absurdo de aquella pregunta. ¿Acaso el siñori caravinieri suponía que ella podía ver a través de las paredes?
_¡Anda, qué pregunta! -se inflamó-. ¡Pues no iba a llamar a su puerta para que supiera que le estaba viendo!
El siñori Niche estaba en cueros, con todo aquello al aire (al pronunciar "aquello", la testigo dibujó una O con los labios, abriendo mucho los ojos).
_Tengo entendido que era un gran hombre: eso lo explica.
Ahora eran los dos caravinieri los desconcertados. ¿El "aquello" explicaba que fuese un gran hombre...? Decidieron no anotar esta opinión en la libreta de atestados.
_Continúe.
_Bailaba y daba saltos de cabra. De un brinco se subía al sofá, y de otro volvía al suelo. Tenía buenas piernas el siñori profresore... ¡Y de la tercera no era manco, no señor!
El mismo agente de antes intervino para reprimirla:
_No hay mancos de pierna, señora: los mancos son de brazo.
_¡Qué brazo ni qué niño muerto! ¡Aquello era una pierna casi tan grande como las otras dos, que yo la vi con estos ojos a través de la cerradura!
En apariencia los agentes admitieron la objetividad del testimonio, pero no hicieron (ni anotaron) más comentarios a propósito de la "pierna" en disputa.
_¿Qué pensó a la vista de ese comportamiento? -dijo el segundo caravinieri-. Pensaría que estaba loco, supongo...
_¡Oh, no, siñori, nada de eso! -protestó la patrona-. Una ya ha visto muchas cosas en esta pensión. No, siñori: sólo pensé que era alemán.
_¿Y qué tiene que ver que fuese alemán? -inquirieron a la vez los dos funcionarios.
_¡Anda que no lo saben ustedes mejor que yo! ¡Pero si lo sabe todo el pópulo! ¡Que la locura es una enfermedad alemana, siñoris! ¡Lo sabe todo el pópulo!
...El siñori Niche se había abrazado a un caballo esa misma mañana en una plaza del pópulo de Turín. Se había arrojado al cuello de un caballo, llorando como un niño sensible que es testigo del castigo que un hombre propina a un animal. Aquel alemán que en su momento no había tenido piedad de Dios, se conmovió hasta perder la razón ante la sinrazón de golpear sin piedad a un ser irracional. Y justo antes de ese acto (para el que es necesario haberse vuelto loco de remate, como sabe cualquier pópulo de cualquier país) otro testigo imparcial afirmó que le había oído decir estas palabras entre sonrisas enigmáticas, tal vez ya enajenadas:
"Después de mi fuga, la Humanidad quedará partida en dos mitades".
No hay comentarios:
Publicar un comentario