En una época que ya no consigue
Ser impía ni devota,
Impíos y devotos viven
En la devoción de la Necesidad.
Una vez muerto el tirano Platón,
Hemos vuelto con nuestro padre Aquiles:
“Preferiría vivir como guardián de bueyes,
Al servicio de un pobre campesino de mesa poco abundante,
Antes que reinar sobre todos estos muertos consumidos”.
Todo se hace en su nombre y no en el del Bien,
Sea cual sea su nombre.
No existe un significado, nada tiene sentido:
Vivir no deja huella, ni es la huella de Otra Vida.
La apariencia lo es todo en el Todo,
Y la apariencia no engaña.
Ni se repite, ni tiene rescate
Esta breve y precaria maravilla.
Como para el criado de Sinuhé
(“ruido de moscas en mis orejas”),
Ésto es lo que son todas las palabras,
Reveladas o no reveladas.
Y todas las quejas, falsedades:
Ningún padre nos abandonó,
Pues no se abandona a los bastardos.
Sólo hay una verdad, y no es eterna
Ni está bajo tierra:
Para los mortales, contemplar la luz
Es la cosa más dulce.
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