Si el deseo no prescindiera del cálculo nunca le saldrían las cuentas. ¿No basta ésto para explicar el porqué es tan raro que los simples contables se enamoren perdidamente? Si no desea la quiebra de su empresa, un contable siempre ha de tener en cuenta los decimales... ¡Pero he aquí que los amantes sólo operan con números enteros que, aunque se llamen racionales, no lo son!
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