En el pajar de la humanidad son muchos los que buscan con frenesí una aguja especial y única: su alma gemela. Casi todos olvidan que la paja también pincha y, por eso, la encuentran a cada rato. Sin embargo, en tales circunstancias una aguja no se encuentra tan fácilmente salvo que, creyendo ya que no existe, nos tumbemos a dormir la siesta y la suerte quiera que se nos clave en el culo...
Pero entonces, y conociendo a los hombres, es muy posible que el afortunado se incorpore de un brinco maldiciendo su suerte por ese aguijonazo inesperado (que, a su juicio, ha recibido a destiempo) y, de puro despecho, en un arrebato comprensible aunque no justificado, prenda fuego al pajar.
Pero entonces, y conociendo a los hombres, es muy posible que el afortunado se incorpore de un brinco maldiciendo su suerte por ese aguijonazo inesperado (que, a su juicio, ha recibido a destiempo) y, de puro despecho, en un arrebato comprensible aunque no justificado, prenda fuego al pajar.
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