¿Qué es el Espíritu Antiguo? En general, los antiguos o clásicos valoraban la lentitud en la elaboración de afectos y obras, empeños en los que solían invertir toda la vida y que, comúnmente, dejaban inacabados por agotarse el tiempo de la suya. De vivir hoy entre nosotros alguno de ellos, le tendríamos casi con toda seguridad por un estúpido al no condicionar su actividad a la búsqueda de resultados más o menos inmediatos. No digo que no pudiéramos reconocerles la genialidad, sino que para nosotros sería la suya una genialidad estúpida, parecida a la del perfecto nihilista que consigue pasar por el mundo sin hacer nada, puesto que para nosotros, los modernos, no hay apenas diferencia entre una cosa y otra, entre lo que permanece para siempre inconcluso y lo que ni siquiera empezó jamás. Sin embargo, casi existe hoy una unanimidad absoluta en que los antiguos eran geniales, de lo que se deduce que pocos coetáneos se han parado a pensar por qué lo eran. Lo eran por ser lentos y estultos como pocos, por eso. Eran grandes genios porque sabían perder el tiempo como nadie haciendo lo que tenían que hacer porque sólo ellos podían hacerlo, ya que ni se les pasaba por la cabeza hacer lo que los demás querían que hicieran. Y por ello daban siempre lo mejor de si mismos: porque querían lo que hacían, y lo querían hasta tal extremo que con mucha frecuencia lo dejaban inacabado, pues acabar algo es de algún modo matarlo y quien ama tiene un solo deber para con lo amado: dejarle con vida.
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