La verdad nunca es un soliloquio y, sin embargo, nunca habrá nada más verdadero que el obsesivo soliloquio del amante abandonado: "Eres mi celda, vivo contigo en mi mente cual fraile alejado del mundo. Como una fea herida, mi idea de ti se infectó y hoy mi vida es este presente gangrenado".
A estas dolientes palabras contesta mi psicólogo interior diciendo que "hay que cortar por lo sano", pues los malos psicólogos son incluso más agresivos que los mejores cirujanos, y su pena más honda e inconfesable es que el pensamiento humano no se pueda extirpar con bisturí.
"...Pero, en mi caso, ¿por dónde habría de hacerlo (cortar) si nada sano dejaste tras tu fuga? Para mi no hay terapia que valga sino volver a verte y, entonces, darme cuenta de que tampoco tú eres mi amor, un amor que vive más allá de toda forma y materia y que es sólo un concepto mío que yo amo más que a mi mismo. ¡Ay! No acogió el mundo mi deseo y, por eso, no pude olvidarte estando a tu lado día tras día, que es el modo sano (aunque acaso más terrible) de olvidar...".
No hay comentarios:
Publicar un comentario