Los niños viven en una constante vacación porque en ellos domina la primacía del instante presente. De ahí mi desarraigo, mi inadecuación a la sociedad de los adultos: vivo puerilmente, como casi todos los artistas que no triunfan. Sólo el éxito me haría madurar y pensar, sobre todo, en el mañana. Sólo entonces sería un adulto más y viviría también como ellos: envidiando en el fondo a los que no lo son, e indignándose seriamente de que no lo sean.
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