En ciertos casos sentirse vacío es una prueba fragante de la falta de aprecio por uno mismo, íntima verdad de quien, encontrándose a sí mismo tan poco interesante, sólo quisiera ser vivido por la conciencia de otro, por otro que, a su vez, sienta la claustrofobia de vivir en una conciencia arrasada, vacía de todo interés. A veces (por no decir con frecuencia) se unen así dos alienados que se hacen cómplices sólo para poder duplicar la extensión del desierto que comparten.
No hay comentarios:
Publicar un comentario