"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

miércoles, 22 de julio de 2015

A vueltas con el fracaso

Entre los hombres suele haber unanimidad sobre que la vida va en serio y en que el final de la juventud es, por regla general, el límite máximo para tomársela a broma, para fingir que esa seriedad no va con nosotros y que podemos continuar resistiéndonos indefinidamente a la triste conjura de los adultos que nos exige a gritos sentar la cabeza. Y suele ser unánime también la opinión de que sólo hay dos excepciones a ese toque de queda transcultural que llama a nuestra irresponsabilidad a recluirse en sus cuarteles de infancia y a no volver a salir de ellos nunca más: me refiero, claro está, a los locos y a los artistas.  Sobre la exclusión de los primeros no es necesario decir nada porque su motivo es evidente; pero sobre la de los segundos hay mucho que comentar pues su evidencia no lo es tanto y no falta quien la pone en duda o, incluso, quien la niega descaradamente. Yo creo, sin embargo, que está justificada, aunque  sólo para una pequeña parte de los artistas, no para la totalidad: creo que es así para el reducido bando de los que triunfan, de los que tienen éxito a ojos de la sociedad, y en ningún otro caso. Para el resto, para el cuantioso bando de los fracasados u olvidados, desde luego que no. Para éstos aquel "toque de queda" seguirá sonando en sus conciencias atormentadas durante el resto de sus días y sólo dejarán de oírlo cuando les bajen a la anónima fosa donde por fin podrá descansar en paz su genio incomprendido...
En un momento u otro de mi vida yo he conocido a varias personas que siempre hicieron oídos sordos a esa tan insistente como inquietante llamada, a pesar de que (me consta) nunca dejaron de escucharla. Y, entre ellas, dos  me distinguieron con su amistad incondicional hasta su muerte que, naturalmente, les llegó cuando ya llevaban algunos años viviendo en la indigencia. En su honor, lo primero que debo reconocer es que jamás he conocido a seres más leales con sus propios sentimientos, ni más dignos a la hora de acatar las consecuencias derivadas de sus elecciones personales: ambos pertenecían a esa clase de héroes que son capaces de hacer callar a su orgullo mediante una sonrisa tenue que transparenta su plena y sencilla aceptación de todo lo vivido, con independencia de si les fue o no amable. Y lo segundo que cabría alabar en ellos es que nunca desesperaron realmente, por más que durante sus últimos tiempos no debió haber un solo día que no durmieran acurrucados en los brazos de la Desesperación. Los dos (supongo que no hace falta precisarlo) eran lo que comúnmente se llama  artistas fracasados, si bien en ellos lo específicamente humano -la esperanza- no había corrido esa misma suerte, pues seguía viva y triunfante cuando el final se acercaba. Ese final fue rápido en ambos casos, lo que quizás ayudó a que no acabaran perdiéndola, lo reconozco; aunque, de todas formas, yo no estoy dispuesto a regatearles ese único triunfo. Puede que fracasaran como artistas, pero no como hombres, lo que pone en duda que sea estrictamente necesaria la susodicha "seriedad" para ser lo que vulgarmente se conoce como "un adulto responsable": ellos eligieron y perdieron, eso sí, pero perder no es exactamente fracasar. Los matices son importantes, y más cuando se trata de establecer si una persona ha arruinado o no su vida. ¿Y cuándo se puede decir -sin error posible- que hemos desperdiciado o derrochado ésta?... Es difícil dar una respuesta, ¿verdad? Es difícil incluso atreverse a darla, y no obstante me voy a atrever. Yo diría que uno no fracasa porque sus obras no se vean reconocidas, ni siquiera porque sus actos no sean apreciados (en tal caso uno sería un perdedor, no un fracasado). ¿Cuándo se fracasa entonces? Es obvio, creo yo: sólo cuando se ha sido incapaz de inspirar algún amor, algún afecto profundo que apenas se puede medir con palabras puesto que las palabras rara vez bajan a tal profundidad y no pueden dar una idea -no ya precisa, sino ni siquiera aproximada- de lo que contiene un corazón humano que agoniza...

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