Puede no ser necesaria pero la hago de todas formas en atención a las mentes limitadas, tan amigas de la literalidad: un escritor que se precie y sea honesto no habla de la realidad pues los escritores no deben hablar de lo que desconocen. Nosotros vivimos en mundos inventados (sino totalmente en buena parte) y, por tanto, no conocemos apenas nada de lo que "hay ahí afuera". Ahora bien: inventar es crear, no mentir; del mismo modo que soñar es otra forma de estar despierto, no dormir. Viene esto a cuento de que no hay que creer a pies juntillas en nuestras confesiones (sobre todo si nosotros mismos las calificamos de sinceras) pues, lo queramos o no, siempre estamos imaginando y, en consecuencia, inventamos tanto lo vivido como lo no vivido. En ésto es en lo que nos diferenciamos de aquellos que, no habiendo pensado nunca en ser escritores, en un momento u otro amenazan con escribir la novela de sus vidas contando en ella "toda la verdad": nosotros jamás podríamos hacer tal cosa porque, sin mentir nunca gravemente, siempre estamos faltando a la verdad. ¿Qué quiere decir ésto? Que como no sabemos cuál es ésta, nuestra verdad, la inventamos creándola a partir de meras sospechas y de adivinanzas sobre nosotros mismos. ¿Que cómo se hace éso? Fácil. Viene a ser cómo autoinocularse el virus de la gripe para alcanzar un estado febril, y después todo consiste en guiar nuestras fantasías haciéndolas caminar por el cuarto donde convalecemos para poder verlas por todos sus lados. El truco final está en conseguir que parezcan tan reales que hasta podemos sentir cómo nos tocan, cómo nos abrazan hasta casi asfixiarnos. No creo que sea muy difícil de comprender porque es más o menos lo mismo que cuando nos enamoramos: se trata de -a fuerza de deseo- proyectar las imágenes que sólo existen en nuestro cerebro sobre un espacio que observamos sin descanso, con la fijeza de los alucinados, hasta lograr palpar el aire y la luz que hay allí, de forma que podamos moldear estas realidades inmateriales igual que si fueran barro, el barro imprescindible en toda creación. Más o menos, así es cómo levantamos nosotros de la nada cualquier cosa, desde una novela a la persona amada. Y esto es todo por hoy, amigos: quedáis advertidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario