"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

viernes, 24 de julio de 2015

Carta sin remitente hallada en una botella a la deriva

"Nunca pensé que confesaría ésto a nadie: emocionalmente hablando soy un paleto y, entre otras cosas lamentables, apenas he conocido el alma delicada de las mujeres que me han querido. A propósito de este asunto, el de las mujeres, ojalá pudiera decir yo lo que Rimbaud decía de la Ociosa Juventud ("Par delicatesse j´ai perdu ma vie"), pero no puedo porque no es verdad: yo las perdí por bruto e imbécil. Por animal, en una palabra. Las cosas que he hecho no tienen nombre (de ahí que no sólo no quiera, sino que tampoco pueda nombrarlas aquí). Y no es que haya sido una mala persona, un canalla o un asesino; en cambio he sido un egocéntrico insensible a la dignidad de quienes, amándome tal vez a su manera, no querían plegarse a mi modo de amar, que era el de un bárbaro acostumbrado a ocultarse a sí mismo sus propios sentimientos y, en consecuencia, a creer que era imposible que los demás pudieran tenerlos a flor de piel, sin protecciones de ninguna clase. Estúpidamente, he supuesto siempre que todo era cuestión de voluntad, que incluso el amor era una épica de la razón orgullosa y estoica que se jacta de no ser nunca incoherente, cuando la cosa funciona justo al revés y  es de la necia coherencia de lo primero que hay que deshacerse para, de veras, poder amar. En fin: sin exagerar demasiado se podría decir que, efectivamente, en lo sentimental he perdido mi vida; pero si de cierto la he perdido no fue por tener un corazón delicado y generoso que, amando, "sabe arder anónimo, sin recompensa alguna", como pedía otro poeta que ahora no recuerdo (no se me da bien esto de recordar nombres de poetas y, con frecuencia, los confundo unos con otros entre sí). Dicho en román paladino: que la he cagado y ya no me quedan mudas en el cajón del armario.  En este asunto ando, pues, con el culo al aire, lo que es una situación bastante incómoda para un caballero tan pudoroso como yo. Pero, ¿qué puedo hacer aparte de intentar taparme con una mano delante y otra detrás?... No lo sé, de verdad que no lo sé. Dentro de mi caletre yo no me siento viejo, pero los dos espejos que aún conservo en casa no parecen ser ya de la misma opinión. Desde luego que podría deshacerme de ellos, pero dudo que baste con alejar al enemigo para salir victorioso en esta guerra de desgaste que es el paso del tiempo. En fin, amigos que vayáis a leer este mensaje: lo que digo es que estaría dispuesto a oír algunos consejos desinteresados que, por supuesto, pagaré con mi eterno agradecimiento. Aguardo por vuestras ideas, y os anticipo un millón de gracias por ellas. Gracias, muchas gracias...".

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