Eres,
sedente animal, un monstruo amoroso.
Dueño
del frío, monarca de la nieve:
En
bibliotecas hibernas como el oso
Y
a sus márgenes vives en relieve.
¡Oh,
blando poblador de las leyendas!
De
la ternura de los machos, excelencia:
Se
me ocurre que podrías ser mi menda,
Pero
al instante descarto la ocurrencia.
Feo
como yo, y como yo sin pareja,
Pues
ninguna osa sabe ser esposa
Si
no es de un hemisferio:
De
visita ambos en el putiferio
De
los sueños, y a la espera de otra cosa
Que
no hable del amor ni de su queja.
Y
menos aún del espejo o de su doctrina:
Cualquier
ego donde no se ponga el sol.
Ambos
durmiendo en la boca de la mina...
En
fin: caseros del mismo caracol.
¡Oh
monstruo amigo, bestia igual,
Señor
de la pereza y amo del abismo:
Más
peso alcanzas tú siendo irreal,
Y
más huella nos deja tu espejismo!
Feo
como yo, y como yo sin gemelo,
Pues
no equivale el cuerpo al alma
Aunque
nosotros no hagamos diferencias.
En
la cuestión del Mal, sin preferencias.
En
la del Bien sin una palma.
Y,
de la Extinción, salvados siempre por un pelo.
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