Cansados del trabajo
Y de cualquiera otra simulación de amor,En soledad aguardamos
Por el Dulce Ángel de la Inactividad.
Y cuando llega,
Tan cansado él de desdecirnos
Como nosotros de nosotros mismos,
Nos abraza en el sofá mientras susurra:
“No te muevas, amigo,
No te vuelvas a levantar jamás.
Ten el valor de abjurar de todo
Lo que todavía te reclama y aún deseas,
Y tiéndete para siempre aquí
Creyendo en esta sola cosa:
En la belleza de un esqueleto sobre una tela roja...
Piénsalo las veces que haga falta:
¿Qué admirable impresión no causará
Al honorable bombero (tan agitado) que derribe
(El primero)
Tu puerta de un hachazo?”
No hay comentarios:
Publicar un comentario