"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

martes, 7 de julio de 2015

Las fábulas fugaces: cucaracha

   La cucaracha camina hacia su dedo pulgar por la alfombra de pelusa gris: “Gran sensualidad”, lee al comienzo de un párrafo en el libro de los secretos de Wittgenstein. 
  Flexiona el susodicho dedo aguardando a que la periplaneta americana, o uno de sus parientes cercanos exiliados en Europa, tropiece con su uña: piensa que la clave será permanecer tranquilo, y, mientras tanto, concluye que los así llamados “albaceas intelectuales” siempre defenderán el legado del amigo genial como harían las hienas con una carroña. 
   La cucaracha se detiene a pocos milímetros del objetivo como si entre sus posibilidades estuviera la sospecha o el trance que paraliza al genio un instante antes de alumbrar el sistema filosófico que hará inútil la Filosofía y el filosofar. 
   “La Carne sea contigo”, recuerda, entonces, que rezaba el credo de Epicuro: el primero de los sabios que dio credenciales a la palabra carne para que entrara en el, hasta entonces, reducido círculo de los vocablos usados por los sabios. 
   Sobre la alfombra, el curioso artrópodo inicia la demostración práctica de este axioma: “la uña humana es un bocado exquisito". (¿Sería ésta, al cabo, la única contribución de la periplaneta a la Filosofía Moderna...?).
   Sin excesivo asco, él devuelve el zapato a su sitio, bajo la cama, y, con ejemplar indiferencia, pasa otra página: “Esta noche, gran sensualidad”, relee impertérrito en el siguiente párrafo. Como si, realmente, nada hubiera sucedido...

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