"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 20 de julio de 2015

En memoria de la lluvia

No tengas miedo a amar y vive siempre "dostoyeskianamente", reclamando para ti todas las pasiones; pero, mientras amas, prepárate para la soledad porque es en ese mar donde desaguan al fin todos los amores (incluidos los que en apariencia nunca mueren, habría que añadir).
No hace falta que os jure que, al menos durante mi juventud, yo seguí esta máxima romántica hasta sus últimas consecuencias y con los resultados previsibles (cosa que, por supuesto, en ningún caso pude nunca prever). En varias ocasiones memorables, el príncipe Myshkin, protagonista de El Idiota, tuvo en mi a un alterego ibérico que no le iba a la zaga en ingenuidad y ardor enamoradizo. Aunque, en el fondo, ésto no es ningún mérito porque, cuando la Pasión que nos constituye y da sentido es de amor, ¿quién no estaría dispuesto a subir varias veces al Calvario a cuestas con la cruz de sus errores?... En fin, el tema no se presta a hacer chistes fáciles, pero aquí no está de más traer uno a colación: "si naciste para martillo, del cielo te caerán los clavos". 
El caso es que, durante mi época romántica, siempre procuré vivir intensamente porque quería llegar lo más lejos posible en el camino del valor: algo que es de una mínima decencia cuando se es joven, creo yo. Eso no quiere decir que yo buscara fundamentalmente placer pues cuando uno busca experiencias intensas lo primero que debe aceptar es salir alegremente al paso del malestar hasta sobrepasar, a veces, los límites del desfallecimiento (sobre este asunto, recomiendo la lectura del capítulo dedicado a Michelet por Georges Bataille en su libro  "La Literatura y el Mal"). El caso es que, más que como un hombre, yo vivía entonces en la piel de un Paradigma Heroico, si se me admite la expresión, y, como Ulises, me creía capaz de escapar de cualquier brasero ardiente sin sufrir la menor quemadura. Naturalmente, estaba en un error pero, ¿cuándo no lo estuve mientras viví, noche y día, en el exceso?... La verdad es que no es necesario que os jure que todo aquello fue éso: "excesivo". Me temo que incluso el dolor, siendo completamente cierto, lo fue. ¿Pero y qué, si no me arrepiento?... Gracias a ello tengo hoy recuerdos que son imborrables, tan terribles y tan  bellos a la vez como puedan serlo las implosiones de los planetas o de las estrellas en el Universo. Y gracias a ello puedo llorar solidariamente cada vez que revisiono la escena del replicante Rutger Hauer cuando evoca en su agonía la belleza de las Puertas de Tannhauser en la constelación de Orión, antes de resumir su corta vida artificial con aquella frase maravillosa e inolvidable, colofón de la más intensa experiencia jamás vivida: "...Y a partir de ahora todo se perderá como lágrimas en la lluvia...". 

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