"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

viernes, 17 de julio de 2015

Sobre Europa, II

...Y, aunque continúe con vida, hace tiempo que Europa no seduce ya a muchos europeos. Y ésto  no sólo porque sea "vieja", como opinan los malévolos americanos; sino, sobre todo, porque no ha sabido envejecer con dignidad. Actualmente, no es más que una ricachona adusta y patética de cuerpo deforme, descompensado por un exceso de grasa que afecta a sus partes intermedias o centrales, lo que le confiere el aspecto de una peonza que oscila a derecha e izquierda en permanente desequilibrio, mientras ella, paradójicamente, presume de gran estabilidad basándose en el hecho de que mantiene siempre la cabeza fría por más que le tiemblen las piernas de rodilla para abajo (la cabeza está en Reykiavik, Berlin, Oslo o Copenhague; las rodillas en Lisboa, Barcelona, Marsella, Nápoles o Atenas). Si hoy en día  hubiera que asignarle una representación antropomórfica ya no podríamos recurrir a sus íconos artísticos más famosos (por ejemplo: la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia) para hacernos una idea de cómo es, pues la Estadística determina que su imagen actual sea aproximadamente la de una jubilada de origen nórdico o bávaro, pero en todo caso perteneciente a la clase media-alta de la sociedad y con un índice de masa corporal que sobrepasa en mucho lo recomendable. Resumiendo: muy posiblemente estaríamos en presencia de una figura obesa que acaba de entrar en la Tercera Edad y que viaja sin parar de aquí para allá, en parte por aprovecharse de las ventajas y descuentos obtenidos gracias a su condición de pensionista, y en parte para escapar del vacío y el sinsentido que causa el exceso de tiempo libre en alguien que toda su vida ha tenido a gala ser útil, amén de una persona ahorradora. Dada su solvencia económica bien podría dedicarse durante sus últimos años a ser una vieja verde a la caza de adolescentes gigolós que le procuren una fugaz sensación de rejuvenecimiento entre sábanas confeccionadas con billetes de quinientos euros. Pero nuestra Vieja Europa no viaja por el continente que lleva su nombre de esa forma: con la intención de divertirse practicando sexo con jovencitos de las distintas nacionalidades que componen la gran familia europea. No: como ya dijimos, ella es una mujer adusta, o sea, de un carácter un pelin amargado, además de suspicaz y algo despectivo. En el fondo de su alma avejentada, a ella le gustaría poder ser ingenua, confiada y alegre (una hippi vividora y dionisíaca, en suma), pero desde que se hizo adulta interiorizó con enorme éxito la ideología moralizante del tendero respecto al trabajo y ahora sospecha que el mundo entero está lleno de irresponsables y vagos que, en cualquier esquina, intentarán quitarle los hígados. ¿Cómo?: exigiéndole limosnas, subvenciones, créditos a fondo perdido y quitas del cien por cien, que, si no se anda con cuidado, podrían dejarla con una mano delante y otra detrás, corriendo por las calles desnuda, en desesperada búsqueda de una embajada seria en la que poder refugiarse de todos esos bárbaros nativos (griegos, italianos, españoles, portugueses, irlandeses, croatas, húngaros, eslovenos, polacos, búlgaros, lituanos, bielorusos y la madre que los parió)  que se dicen europeos pero que, después de todo, sólo son lo que son: todos ellos gente que quiere vivir por encima de sus posibilidades para que (al pensar en las deudas heredadas) sus hijos y nietos jamás puedan olvidarles...  

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