Fuera escrúpulos e hipocresías: el amor es una injusticia porque siempre se hace a costa de los demás posibles candidatos a nuestro afecto, entre los que -por pocos que sean- es lógico que haya alguno que cree haber acumulado más méritos que nadie para poseerlo. Y lo peor es que, objetivamente, es así. Por tanto no estaría de más que, al notar que nos estamos enamorando de nuevo, hagamos alguna clase de ceremonia penitencial en desagravio del resto de la humanidad a la que hemos vuelto a desairar. Por ejemplo: podríamos empezar por jurar ante testigos que nunca volveremos a enamorarnos, incluso a sabiendas de que estamos jurando en falso, pues lo que importa en tal juramento es la intención, y la nuestra es buena. De las mejores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario