"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

sábado, 22 de agosto de 2015

En el jardín más famoso de Atenas

En el jardín más famoso de Atenas
Los jóvenes alumnos aguardan
La llegada del maestro Epicuro.
Y mientras aguardan comentan
Las noticias que las naves han traído
Desde el otro lado del Egeo:
Entre otras la muerte de Demetrio,
El expugnador de ciudades,
Ocurrida al parecer en su lecho
(Un logro que es, por cierto, 

Sorprendente en tal personaje,
Y excepcional para los tiempos).
Uno de ellos, natural de Esmirna,
Efebo de músculos lisos, como de mármol,
Se adelanta y propone el juego de la lucha
Para entretener la espera.
Más sus compañeros le miran
Con unánime reprobación
Porque han aprendido que no son esos
Los placeres que convienen a un discípulo,
Sino aquellos en que el esfuerzo sea mínimo
Y puedan satisfacerse en reposo.
Bajo la sombra rala de un olivo
Destella el vino de Corinto
Mezclado en las hermosas cráteras,
Y los muchachos beben de las copas de bronce
Con gesto lánguido y desmayado,
Pues saben que mayor daño ocasiona al alma
Un movimiento brusco
Que el trago ávido y violento.
Entretanto siguen hablando de los temas
Habituales en su estudio:
Del "hedoné” como valor supremo,
De la desidia de los dioses, 

Del goce imperturbable y del Clinamen,
Esa ligera curvatura de los átomos
En su desvío hacia todos los que son

De su misma especie...
Si alguno nombra a Aristipo,
Otro acude a Diógenes como fiador
De sus propias opiniones;
Y todos esperan a Epicuro, el maestro,
Que a estas horas está e
n la plaza 
Sentado al sol, como tiene por costumbre.

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