En la historia del Nazareno hay algunos fallos argumentales muy notables: realmente clamorosos, vaya. Y no seré yo otro de los que se rasguen las vestiduras con la virginidad de la Virgen María porque ya muchos se quedaron en bolas por ese motivo. No: yo me refiero a la propia encarnación del Hijo de Dios en un gran hombre como fue Jesucristo. Si lo revolucionario y novedoso era que un dios se convirtiera al fin en un simple ser humano, ¿por qué elegir a alguien con madera de gran hombre y no a un don nadie, no a un pelanas sin importancia ideológica de ninguna clase o a un bribón cualquiera capaz de vender, no ya a su propia madre, sino su supuesta virginidad con tal de sobrevivir?... Por ejemplo, y como ya advirtió por escrito en alguno de sus milagros literarios Nuestro Señor Borges, ¿no sería mucho más apropiado haber escogido a Judas para realizar ese histórico papel protagonista y no el de un secundario que, para colmo, ha de hacer de traidor? Teniendo en cuenta la escasa grandeza moral presente en el promedio de la humanidad parecería, en principio, más adecuado y honesto elegir para ello a uno de sus representantes más grises, a uno que, como individuo, fuera de una absoluta mediocridad y estuviese situado en la zona central de la campana de Gauss, ¿no?... (Dejo aquí la sugerencia y escondo rápidamente la mano como buen cobarde que soy).
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