"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

jueves, 20 de agosto de 2015

La trascendencia de lo intrascendente

Eso que los pomposos llaman  "nuestra futura trascendencia"  no está asegurada por la realidad flagrante de una línea sucesoria engendrada por medio de la carne o del espíritu, por la innegable existencia de hijos u obras, ya que los hijos (los de cualquiera) muy bien podrían resultar ser desagradecidos y olvidadizos, y las obras (las de cualquiera) mediocres, simples anacronismos sin vida y sin ningún interés. Nuestra "trascendencia futura" (por seguir con la cursilada) es mucho más probable que esté, en cambio, en lo que (en su momento, mientras lo vivimos) nos pareció por completo intrascendente. Por ejemplo: en todo aquel tiempo que, gustosos, solíamos perder con los amigos (por cierto: ahora ya muertos y trascendidos) hablando de cosas tan nimias como el nudo gordiano, los números primos, la poesía de los epitafios, la regla áurea, las auroras boreales, Tutankamón, la reina de Saba, el efecto mariposa, la tortilla de patatas, y tantas y tantas cosas por el estilo que (creímos) no tendrían la menor importancia de cara a poder alcanzar alguna vez una hipotética inmortalidad personal y que, por supuesto, jamás pensamos (ni yo ni ellos, estoy seguro) iba a ser lo único realmente memorable de nuestro paso, individual y conjunto, por esta vida donde tan fácilmente se pierde toda memoria...

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