No veo qué dificultad hay en escribir libros, incluso buenos libros, si la inmensa mayoría se escriben robando pensamientos ajenos. Lo realmente difícil, creo yo, es escribirlos robando sólo de los propios, algo que debemos creer al exclusivo alcance de los genios. Lo primero explicaría por qué no existen escuelas oficiales para escritores que extiendan titulaciones homologadas en el mercado: por la misma razón que no se abren en ningún país civilizado academias públicas de formación de ladrones. Pero lo segundo no demuestra que la genialidad sea tan rara: sólo confirma que son muy pocos los genios que se dedican a escribir, lo cual, a su vez, como mínimo demuestra dos cosas: una, que la expresión más grande de inteligencia e ingenio no se refugia de preferencia en la ficción (o sea, entre nosotros, los escritores); y dos, que para escribir bien no es necesario ser un individuo genial, y ni siquiera es seguro que sea precisa la genialidad más que como otra condición laboral de las muchas que requiere este trabajo que no es un trabajo. Pero, fuera de eso, cualquier persona estaría, en principio, capacitada para hacerlo, y no veo qué interés hay en negarlo salvo el hecho reconocido de que los más negados de entre nosotros, los más mediocres, suelen estar totalmente convencidos de que ellos sí son verdaderos genios.
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