Porque de pronto me siento profundamente deprimido recuerdo las palabras de Virginia Woolf poco antes de poner punto final a sus desesperados intentos por adaptar los suyos, sus sentimientos, a los que, se supone, deberían ser los de una mujer como ella, escritora admirada viviendo en la campiña inglesa y felizmente casada con su propio editor: "...No podemos darle la espalda a la vida". ¿Echaba de menos solamente las tertulias literarias con sus amigos londinenses, la época del Boomsbury y de Vita (el nombre lo dice todo), su amiga y amante más querida...? ¿O bien añoraba el sentimiento mismo del vivir en plenitud, el sentimiento de quien vive sin pensar en ningún momento que no vive, de quien nunca siente estar lejos de la vida al sólo tener a su alcance una existencia sencilla comprometida en un quehacer cualquiera, y no la doble vida del creador, la duplicada conciencia de aquel al que no le basta con lo creado y necesita, por ello, crear? ¿O quizás, simplemente, se sentía irremediablemente sola, irremediablemente aislada, irremediablemente "diferente"?... No lo sé, tal vez nadie lo sepa... ¿Quién osaría saber lo que siente un genio cuando siente que se está volviendo loco sin remedio, que en el fondo ya no siente nada, y que incluso volver a sentir sería completamente inútil?...
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