"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 7 de septiembre de 2015

El más triste de la familia, II

La tristeza del diario literario no se deriva de su naturaleza de subgénero o género menor, ni de su parentesco con la nota de prensa o el artículo de opinión que le resta credibilidad como "gran literatura", sino del hecho de ser con mucha frecuencia una coartada con la que intentamos tapar nuestra cobardía o nuestra pereza (cuando no ambas) para abordar la composición de una obra de peso y envergadura, de una creación digna de nuestras obsesiones y capacidades, de nuestro innegable talento y no menos innegable capacidad para el esfuerzo continuado. Con harta frecuencia los diarios de un escritor son poco más que éso: declaraciones juradas de falsa inocencia, fechadas en tal día y en tal hora, con las que tratamos de convencer al jurado de que nos absuelva de esos dos graves delitos: el de ser unos perezosos y unos cobardes a la hora  de ponernos a hacer algo que daría a los demás la justa medida de nosotros mismos como artistas si no fuéramos tan tristes como para preferir la escritura de un diario antes que la lenta, trabajosa y valiente redacción de la que iba a ser, sin duda, nuestra obra maestra.

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