Érase una vez una niña imaginaria que todas las noches, antes de acostarse, se encerraba en su cuarto de baño para repasarse la dentadura ante el espejo y, con la connivencia de su dentista, elegir un diente que arrancarse en solidaridad con quien, no teniendo nada que llevarse a la boca, no sabía qué hacer con los suyos, por lo que, hasta el presente, ni siquiera había imaginado acudir a un dentista para que se los arrancase en justa coherencia con su lamentable situación...
No hay comentarios:
Publicar un comentario