Como diría Scott Fiztgerald, un hombre con más de cincuenta años es como todo soldado que ha vuelto vivo de la guerra: ha perdido el amor (quizás más de una vez) porque él mismo lo abandonó, ha visto morir ya a unos cuantos amigos, y aún no sabe cómo ha logrado sobrevivir, sólo sabe que esto demuestra que él era el más astuto y el más gallina.
...Y también demuestra que se trata de un bastardo, y que, aunque no lo soporte, se merece que le hayan dejado solo como a un perro (como diría yo de sentirme alguna vez un Ernest Hemingway, cosa que, por fortuna, todavía no me ha pasado, pero que puede suceder en cualquier momento porque también a mí me gustan las escopetas recién disparadas y las mujeres que están en la situación contraria -es decir, siempre cargadas y apuntando- porque son de las que tiran a matar para hacer el menor daño posible).
No hay comentarios:
Publicar un comentario