"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

viernes, 27 de noviembre de 2015

Off-On

Una vida de pensamiento es, no exactamente opuesta, pero sí distinta a una vida de acción. La vida de acción precisa del conglomerado exterior, de la naturaleza, de la sociedad, de la "realidad". La vida de acción es gregaria, pertenece en realidad a los demás; la del pensamiento, en cambio, es soberana, pertenece sólo a quien la vive. Mi amiga Jimena (extranjera que aspira sin muchas esperanzas a ser algún día española) suele decir que los españoles, en general, somos "gente Off", queriendo resaltar que vivimos de preferencia en la calle, en los espacios abiertos de los bares y de otros escenarios ruidosos y multitudinarios, como podrían ser los estadios, los recintos feriales o de romería, los ruedos taurinos y los innumerables programas televisivos de la Telebasura. Un español de a pie es "off" desde que nace, de ahí que nuestros bebés berreen con tantas ganas desde el mismo momento en que les sacuden la primera cachetada en las nalgas, y de ahí que exijan en seguida ser paseados en sus cochecitos Jané con las ventanillas abiertas para conocer cuanto antes el mundo que les rodea, el espacio abierto de su propio barrio del que, probablemente, salgan sólo para irse de vacaciones, o del que no salgan en absoluto durante el resto de sus endémicas existencias...
Pero el español de a pie no sólo vive en el exterior, sino, sobre todo, de cara al exterior: por eso "exporta" con tanta naturalidad emociones y opiniones que, en el fondo, apenas le importan al no tener la costumbre de pensar a fondo en lo que le emociona ni en lo que opina. ¿Y de qué extrañarnos?: él tiene más que suficiente con emocionarse por nada y con opinar sobre cualquier cosa para tener una vida plena en ausencia de todo pensamiento profundo (lo que no significa que no piense, sino que piensa básicamente con la emoción y en base a lo que opinan sus iguales). No es casualidad que, en su historia, España no tenga casi pensadores de renombre, salvo los que llegaron aquí gracias a las fértiles invasiones de otros pueblos y culturas. Por no pensar, en este país no piensa ni Dios, quien, por otra parte, aquí siempre ha llevado una vida de acción patriótica, y si no que se lo pregunten a la Iglesia Católica (como filosofía política en acción, todos estaremos de acuerdo en que el Catecismo ha sido aquí infinitamente más activo que el Comunismo o el Fascismo, sin ir más lejos). Con permiso de los argentinos que le creen un ciudadano más del Gran Buenos Aires, se podría apostar, incluso, a que Dios es un individuo de nacionalidad española, o bien a que lo será el mismo día en que entregue sus papeles en la ventanilla de extranjería del Ministerio de Interior: se lo debemos por los muchos siglos que ha vivido entre nosotros siendo, primero, un emigrante perseguido de origen hebreo o árabe y, después, un converso o un marrano que pasó desapercibido para la Inquisición. (Y yo, al menos, apuesto a que Él lo conseguirá antes que mi amiga Jimena, pues la pobre ha tenido la mala suerte de nacer en el altiplano Andino y ya se sabe que en este país los "sudacas" lo tienen mucho más crudo).
Pero dejemos en paz a Dios y volvamos a nuestro dilema Off-On: ¿es mejor actuar o pensar, vivir afuera y para fuera o hacerlo adentro y para uno mismo? Por supuesto, algunos de vosotros me diréis que esta pregunta tiene trampa porque sus términos no tienen por qué ser excluyentes, ya que una misma persona puede hacer perfectamente las dos cosas, actuar y pensar, vivir adentro y afuera a la vez. Vale, lo admito. Pero lo admito sólo en el caso de que quienes respondan así sean españoles, porque el resto del mundo no puede. Ante una pregunta así  las restantes nacionalidades (al haber tenido entre sus compatriotas grandes filósofos que les enseñaron el placer de pensar) se pondría de inmediato a imitarles posponiendo toda acción hasta hallar una respuesta original e intransferible que, si bien no tiene por qué dejarles completamente satisfechos, les dejará, al menos, conformes con su actitud a la hora de encarar los retos que propone a la inteligencia de cualquier hombre el pensamiento humano de todos los tiempos. Excluyendo a los españoles que estén encantados de haberse conocido a sí mismos, contestad entonces: ¿qué es mejor, pensar o actuar?...
(P.D: Por favor, enviad vuestras respuestas a esta dirección y por este mismo conducto. Gracias).

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