¿Será por haber llegado muy lejos que no hay nadie a mi alrededor? ¿O será que, al haber avanzado siempre de traición en traición, todos están ya advertidos y ninguno más se arriesga a ponerse a tiro?... ¡Ah, qué cobardes son los hombres! ¡Yo empeñado en introducir en sus vidas una íntima tragedia que las torne épicas, y ellos pagándome de este modo, con una maldición que no termina, haciéndome el vacío sobre esta soledad de tierra quemada que me rodea!
Relatos breves y menos breves Poemas y escritos sin género definido Novelas que nunca salieron del taller
"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"
sábado, 26 de diciembre de 2015
viernes, 25 de diciembre de 2015
En la piel de Santo Tomás
Para el pensamiento religioso la vida es la única ocasión que tenemos los hombres de prepararnos para bien morir. Hoy en día, sin embargo, casi todo el mundo pasa por ella desperdiciándola. ¿Existe mejor prueba de que Dios ha muerto o, puesto que a estas alturas todos somos racionalistas y sólo creemos en lo que ven nuestros ojos, necesitaremos aún que nos muestren su cadáver?... Tal vez la verdad sea que muerto o vivo, es muy difícil para un hombre que piensa en la muerte creer en un Ser que no tiene por qué hacerlo. ¡Y, sino, que se lo pregunten a Santo Tomás!
lunes, 14 de diciembre de 2015
Uno de esos días
Estoy en "uno de esos días", como dicen los anunciantes de compresas y nunca le oí decir a ninguna mujer. Yo no es que tenga la regla, naturalmente, porque lo mío no es un periódico sangrado interior en estrictu sensu, aunque sus síntomas no sean muy distintos, a saber: un malestar o indisposición general, cierta irritabilidad nerviosa y sin causa conocida, y una tendencia instintiva y equívoca a quejarme de mi condición ante mis amistades que, de manera algo contradictoria, va acompañada del orgullo indisimulado que me produce el hecho de tener todavía entre mis múltiples posibilidades la de sangrar. "Sangro, luego existo": conclusión cartesiana que jamás habría podido sacar Descartes, ya que Descartes era un hombre y sólo las mujeres son capaces de concebirla y entenderla. Y, con el permiso de Santa Teresa, también dispongo de la versión mística: "Sangro porque no sangro, y tan grande sangría espero que muero porque no muero". Como iba diciendo, este es uno de esos días en que sangro y muero precisamente porque hace tiempo, mucho tiempo, que no hago ni una cosa ni otra. Ahí afuera está la mañana esperándome como últimamente hace todos los días, pero yo me limito a mirar cómo esa pobre tonta se agita en vano, cómo se agota y termina por morir de la impaciencia de haber deseado tanto y tan inútilmente que, de un momento a otro, se abriese hacia ella mi ventana... ¡Ay! ¡Sangro porque no sangro ni una sola gota de sangre que me permita afirmar: soy, vivo, existo y, por supuesto, me muero!
viernes, 11 de diciembre de 2015
Por siempre Quimera
Comenzaré por diferenciar: no es lo mismo tener espíritu artístico que ser artista. Por ejemplo: mi mujer creía que yo tenía mucho de lo primero y nada de lo segundo, lo que acabaría siendo la causa principal de nuestra separación porque yo, naturalmente, no me resignaba entonces, ni me resigno ahora, a ver como una mera fantasía espiritual de hombre desarraigado mi deseo de concluir alguna vez algo que merezca el calificativo de "obra de arte". Pero pretender hacer obras de Arte es una ambición de naturaleza quimérica en un mundo en que la Quimera ha dejado de ser un mito atractivo que seduzca poderosamente a los seres humanos (algo que denunció, por cierto, Luis Cernuda en su magnífico poema Desolación de la Quimera), y, por tanto, no puedo culpar a mi Ex por tratar de apartarme de esa mítica seductora y devoradora de hombres, ya que ella creía sinceramente que yo sufría la clásica "crisis de los cuarenta" en la que los varones que tenemos espíritu nos volvemos locos hasta el punto de ser muy capaces de tirar todo lo conseguido hasta ese momento por la ventana con la excusa de empezar de cero en otra parte (excusa que, por lo demás, en seguida se revelará como quimérica puesto que esa "otra parte" es, en realidad, ninguna parte). Es muy posible que ella, mi Ex, sólo intentara protegerme de mi propio carácter puesto que me conocía bien y sabía que yo estaba perdidamente enamorado de un sueño infantil desde que era un niño: quería ser escritor desde que tenía uso de razón y no hallaba mejor uso para ella (la razón) que arrojarla por la ventana de mis sentidos con el fin de enamorarme, no ya de cualquier quimera, sino de la más loca de todas: la del Arte. Y, naturalmente, el arte de escribir era para mí el arte supremo, el Arte con mayúsculas. ¿Por qué? Porque, si uno era realmente un artista, podía dibujar o pintar un cuadro, tallar una escultura, fotografiar un paisaje, rodar una escena, inventar una filosofía y hacer música sólo con palabras, y, para colmo de la magia, sin necesitar más instrumentos, herramientas, máquinas o aparatos que un simple lápiz de colegial. Así que escribir no sólo era un arte mayúsculo sino que, además, era barato pues, para iniciarse en él, sólo había que comprarse un sencillo artilugio compuesto de una fina mina de carbón incrustada en un alargado cilindro de madera que se fabricaba en serie y no costaba más que unos pocos céntimos de cualquier moneda en curso, por lo que (como actividad al menos) estaba al alcance de todo el mundo, y de ahí que, como arte, fuese también el más democrático y extendido...
Sin ir más lejos, esto último era lo que a mí me hacía sentir bien conmigo mismo cuando escribía: escribiendo me sentía a un tiempo fuera del mundo y hombre universal, valga la paradoja, como si gracias a ello residiera a la vez en el centro del espacio interestelar y en cualquier punto remoto del planeta, siendo, pues, un verdadero ciudadano del Cosmos (lo que se llama un "cosmopolitano", por decirlo con un barbarismo de andar por casa). En suma: escribiendo era cuando mi yo se convertía, a su vez, en Cosmos, en eso que en términos literarios se conoce como "el propio cosmos o cosmos personal" y que, paradójicamente, también está habitado por el resto de los hombres, ni más ni menos que este planeta. Y aquí, antes de despedirme por hoy, es donde me conviene introducir la puntualización más importante que ha de hacerse a sí mismo un escritor siempre que se pregunte si, en el fondo, lo es: tener un cosmos propio implica disponer a discreción de muchos mundos, lo que representa una crucial diferencia con ese famoso "mundo imaginario" al que huyen todos los niños del mundo, grandes y pequeños, persiguiendo sus propias fantasías. Me explico: en general a los niños, tanto a los que lo son durante unos pocos años como a los que lo son toda su vida, su mundo imaginario les sirve para escapar al normativo de los adultos, mientras que, en el caso de los verdaderos escritores, el mundo de los adultos es sólo otro más de todos los posibles y disponibles en su personal cosmos literario. Recordarlo todos los que, como Cernuda o yo mismo, perseguís todavía y siempre la hermosa quimera de la Literatura...
jueves, 10 de diciembre de 2015
Apuntes y reflexiones sobre la palabra más rara del diccionario
En una sociedad basada en una economía liberal de beneficios salvajes las relaciones económicas son de humillación en todos los casos, no de igualdad, porque en ella de lo que se trata es de engordar a un pato (el trabajador, da lo mismo que sea autónomo o asalariado) para que los poderosos puedan untarse con su hígado las tostadas del desayuno. En una sociedad así, quien paga el pato no es precisamente quien lo engorda para luego sacrificarlo y comerse sus hígados transformados en exquisito paté. No: en ella el que paga el pato es, cómo no, el propio "pato", y normalmente lo hace dejándose los hígados en su trabajo y, por si eso fuera poco, siendo humillado públicamente por ello, pues el trabajo como tal es inevitable que pierda valor y sentido para la opinión pública de una sociedad que ya sólo valora el beneficio puro y duro. Se me dirá (algún acérrimo liberal lo hará de inmediato) que el beneficio no permanece sin moverse, inmóvil, sino que se invierte en otros mercados y nuevos puestos de trabajo gracias a los que se emplearán otros "patos" en otra parte. Bien, ¿pero qué clase de trabajo va a generar un beneficio que sólo busca más beneficio por lejos que se vaya? Yo os lo diré: uno que sólo pretende transformar en paté a los trabajadores de cualquier parte, a los trabajadores del mundo entero. El paté hecho con hígados selectos y escogidos de la clase obrera es el de mejor sabor y, por encima, el menos caro, como saben muy bien los políticos ultraliberales, esos señores tan sibaritas que sólo se alimentan de exquisiteces. Por tanto, es lógico que intenten aprovisionarse colmando sus despensas con estos sabrosos productos autóctonos, y es por ello que el primer punto de su programa sea siempre una Reforma Laboral que acometen a toda prisa, en cuanto alcanzan el poder, inspirándose en el exitoso principio comentado en El Gatopardo por el Conde de Lampedusa, a saber: "Cámbialo todo para que todo siga igual". (Lo que en traducción libre significa: "Haz como que haces algo, pero sin hacer nada que incomode a los que te ordenan aparentar que has hecho todo lo que la mayoría te pedía que hicieras y que a ellos, a los que en realidad te dan las órdenes, les permite continuar haciendo lo que han hecho siempre con el mayor de los descaros y el más grande de los apetitos, o sea: untarse una rebanada de exquisito paté proletario fabricado con el hígado obsoleto de un parado de larga duración al que, por momentos, le cuesta ya recordar el significado real de una palabra tan rara como esa: Trabajo").
martes, 8 de diciembre de 2015
A ver si lo he entendido
Hemos llegado aquí por un accidente de la Biología y nos iremos a causa de otro. Mientras tanto, presumimos de tener conciencia y un sentido trascendente que nos hace únicos a pesar de que nuestros cuerpos lo desmientan al enfermar y degenerar siguiendo un patrón común y para nada original. Porque es absurdo e injusto estar vivos teniendo que morir hemos inventado los dioses y otras ideas inmortales, un conjunto de bellas mentiras al que pomposamente llamamos "nuestro acervo cultural", y que transmitimos a las siguientes generaciones con la loca pretensión de que ellas acepten como su mayor herencia nuestro particular engaño y continúen engañándose también a su manera. Pero la realidad es que el hambre nos acecha todo el tiempo, y que el sueño de la felicidad nos persigue sin darnos tregua, impidiéndonos descansar en ninguna creencia o verdad propia salvo, claro está, que consideremos una forma de descanso el ir y venir de la mosca atrapada en su frasco, pues tal como esa mosca cautiva se halla el hombre en la Historia...
A groso modo, a esta descripción responde la vida humana en este planeta, menos tal vez la de los que mandan y tienen el poder de acabar con ella en todas partes apretando un simple botón, ya que estos señores perfectamente podrían ser vistos hoy como los nuevos Jehovás desde que el equipo del doctor Oppenheimer le arrebató la prerrogativa del Apocalipsis a la cruel divinidad bíblica. Resumiendo: aquí estamos nosotros como esas prisioneras aladas en su cápsula transparente, como esas moscas que, al no tener ya en el vuelo la principal opción de su libertad, van y vienen caminando por una pared cóncava de cristal que, cual lente óptica de aumentos, las deforma a ellas cuando se las mira desde fuera, al tiempo que deforma todo lo que ellas ven del otro lado, y es por eso que se puede afirmar sin excesivo temor a equivocarnos que la realidad que vemos y la que somos se presentan siempre deformadas, y que no es posible que nosotros tengamos jamás una imagen nítida y exacta del mundo, como no lo es que el mundo la tenga alguna vez de nosotros... ¿Es así?
A groso modo, a esta descripción responde la vida humana en este planeta, menos tal vez la de los que mandan y tienen el poder de acabar con ella en todas partes apretando un simple botón, ya que estos señores perfectamente podrían ser vistos hoy como los nuevos Jehovás desde que el equipo del doctor Oppenheimer le arrebató la prerrogativa del Apocalipsis a la cruel divinidad bíblica. Resumiendo: aquí estamos nosotros como esas prisioneras aladas en su cápsula transparente, como esas moscas que, al no tener ya en el vuelo la principal opción de su libertad, van y vienen caminando por una pared cóncava de cristal que, cual lente óptica de aumentos, las deforma a ellas cuando se las mira desde fuera, al tiempo que deforma todo lo que ellas ven del otro lado, y es por eso que se puede afirmar sin excesivo temor a equivocarnos que la realidad que vemos y la que somos se presentan siempre deformadas, y que no es posible que nosotros tengamos jamás una imagen nítida y exacta del mundo, como no lo es que el mundo la tenga alguna vez de nosotros... ¿Es así?
domingo, 6 de diciembre de 2015
A la par que todos los males
La situación en el amor no correspondido es la misma que en cualquier enfermedad terminal: sabemos la verdad desde el principio pero no queremos verla y sólo pedimos que nos cuenten una milonga más, otra mentira piadosa y convenientemente dosificada que prolongue la agonía un poco más: sólo hasta mañana, mi amor, ¿a ti qué mas te da?; sólo hasta mañana, mi vida, para que pueda aceptarlo...
Está claro que, en general, los hombres somos unos cobardes, y que morir nunca es la solución más oportuna para quien ya no tiene otra. Y también queda claro por qué la esperanza salió de la Caja de Pandora, a la par que todos los males...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)