La situación en el amor no correspondido es la misma que en cualquier enfermedad terminal: sabemos la verdad desde el principio pero no queremos verla y sólo pedimos que nos cuenten una milonga más, otra mentira piadosa y convenientemente dosificada que prolongue la agonía un poco más: sólo hasta mañana, mi amor, ¿a ti qué mas te da?; sólo hasta mañana, mi vida, para que pueda aceptarlo...
Está claro que, en general, los hombres somos unos cobardes, y que morir nunca es la solución más oportuna para quien ya no tiene otra. Y también queda claro por qué la esperanza salió de la Caja de Pandora, a la par que todos los males...
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