¿Será por haber llegado muy lejos que no hay nadie a mi alrededor? ¿O será que, al haber avanzado siempre de traición en traición, todos están ya advertidos y ninguno más se arriesga a ponerse a tiro?... ¡Ah, qué cobardes son los hombres! ¡Yo empeñado en introducir en sus vidas una íntima tragedia que las torne épicas, y ellos pagándome de este modo, con una maldición que no termina, haciéndome el vacío sobre esta soledad de tierra quemada que me rodea!
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