"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

viernes, 12 de febrero de 2016

Sobre la grandeza

Vivo con los planteamientos de un hidalgo trasnochado, obsoleto y decadente, que día tras día observa sin mover un músculo cómo se deteriora a su alrededor todo lo que ha heredado o adquirido, un patrimonio que él va devorando impertérrito y con la lentitud que identifica el estilo de su clase social, sin los derroches propios de un sátrapa, pero también sin hacer cálculos previsores y sensatos, pues detesta la previsión por plebeya, y la sensatez por cobarde y desalmada, y de ahí que se comporte como un suicida que se envenena a dosis homeopáticas, es decir, del mismo modo que vive: a pequeños sorbos, degustando cada trago, cada paso que inexorablemente va dando hacia el abismo por el que se siente atraído, como atraen a los hijos de buena familia las amantes fatales que se hayan en la Naturaleza en estado sólido o líquido, me refiero a cualquier droga dura o a cualquier cuerpo blando y hermoso de sexo confundible o inconfundible, puesto que él es de gustos eclécticos en casi todo, y en ésto no iba a ser menos ya que drogarse no requiere de buen gusto, sino de un corazón enfermo y una mente débil que no consiguen hacerse compañía mutuamente (o sea, disfrutar juntos con las pequeñas cosas) al estar ambos enamorados de la grandeza, como corresponde en los megalómanos que lo son de origen. En fin, que cada vez estoy más cerca de conseguir mi objetivo y vivir como quería aquel poeta cuando pensaba en su merecida jubilación: "como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia". Grandioso, ¿no?

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