Pensándolo bien, toda frustración es un huevo repleto de latentes posibilidades: sólo queda incubarlo hasta que rompa, para nuestra sorpresa. Sin ir más lejos, es así cómo de cada vida frustrada emerge un nuevo candidato a escritor, razón de por qué hoy en día son ya innumerables... Y más que vendrán, me temo.
Relatos breves y menos breves Poemas y escritos sin género definido Novelas que nunca salieron del taller
"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"
martes, 29 de marzo de 2016
domingo, 27 de marzo de 2016
La primera lección del boxeo
De ordinario, si uno toma un camino es porque cree que le llevará a alguna parte: lógica de quien sólo desea vivir, pero no de quien, sobre todo, necesita escribir. Por eso el verdadero escritor es, básicamente, un tipo raro de suicida: él sabe que el suyo no conduce a ninguna, y que cuando llegue al fondo del callejón ciego habrá llegado a su destino. Allí precisamente es dónde comienza la literatura: donde ya no es posible dar otro paso, ni tampoco quedarse quieto, y todo consiste entonces en seguir adelante cuando ya no hay salida. Si queréis verle en acción fijaos en ese veterano púgil, sonado por los golpes, que trastabilla de un lado al otro del ring, y que ya no tiene entre sus posibilidades la victoria: él solo quiere evitarse el kao y para ello lo único importante es saber cómo salir de las cuerdas. Cuando ya no hay salida, nada más se puede hacer salvo eso: alejarse, salir de las cuerdas.
martes, 22 de marzo de 2016
Promesa de primavera hecha a una ladrona
Oh muerte, ladrona de tantas dulzuras,
yo no te maldigo porque no te rías también de mi maldición,
como haces con todas las maldiciones;
pero te juro que mi afecto y comprensión jamás estarán contigo,
sobre todo en estas mañanas de la joven primavera
en que el naciente sol despliega su abanico de oro
sobre mi sangre podrida de tintas, y refrigera
de penas y amarguras mi hibernado corazón,
de sueños megalómanos mi mente calenturienta...
Y tampoco pediré tu clemencia, te lo juro,
cuando llegue ese famoso día inclemente
que desde mi nacimiento me espera
con su fanfarria de miedos y tristezas.
No, yo no te maldigo ni te maldeciré, te lo prometo,
porque no quiero hacerte el juego perdiendo mi tiempo;
pero ahora veo que nunca tuve otro deseo
que este (yo, que jamás deseé el mal a nadie):
¡ojalá, oh muerte, que pudieras morirte siempre
a cada segundo en mi conciencia
para no tenerte nunca, pero nunca-nunca,
en mi pensamiento, que de tal forma libre de ti
sería al fin mío, solo y verdaderamente mío...!
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