De ordinario, si uno toma un camino es porque cree que le llevará a alguna parte: lógica de quien sólo desea vivir, pero no de quien, sobre todo, necesita escribir. Por eso el verdadero escritor es, básicamente, un tipo raro de suicida: él sabe que el suyo no conduce a ninguna, y que cuando llegue al fondo del callejón ciego habrá llegado a su destino. Allí precisamente es dónde comienza la literatura: donde ya no es posible dar otro paso, ni tampoco quedarse quieto, y todo consiste entonces en seguir adelante cuando ya no hay salida. Si queréis verle en acción fijaos en ese veterano púgil, sonado por los golpes, que trastabilla de un lado al otro del ring, y que ya no tiene entre sus posibilidades la victoria: él solo quiere evitarse el kao y para ello lo único importante es saber cómo salir de las cuerdas. Cuando ya no hay salida, nada más se puede hacer salvo eso: alejarse, salir de las cuerdas.
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