Reconocer que uno tiene un amigo poeta da un poco de vergüenza: es como reconocer que uno mantiene contactos esporádicos con una secta, con un miembro de los Testigos de Jehová o de los Hare Krishna, en definitiva, con una sospechosa fraternidad universal que no admite fronteras y que recluta a sus "hermanos" mediante técnicas proselitistas puestas en práctica por correo o de puerta en puerta, gracias al boca a boca, estrategias que, como es lógico, repugnan profundamente a los librepensadores de cualquier signo, ya sean agnósticos o ateos (los creyentes no lo son por mucho que quieran vendernos la moto, pues, en último extremo, ellos no se atreven a disentir de Dios).
Cultivar la Poesía es tener una creencia, ser un adepto, vivir en el seno de la divinidad. Por ejemplo: el poeta vive en la fe de los versos porque este es el lenguaje de su diosa, la Poesía, y, en cuanto hombre, él no obtiene su sentido sino de "la palabra de la Diosa". Así, pues, tener un amigo poeta es más o menos como tener un contacto dentro de una fratría mafiosa, una especie de "padrino" siempre dispuesto a hacerte cualquier favor a cambio de que tú admitas tener con él un vínculo de sangre, un origen común, una deuda genética que os hace inseparables por más que difieran vuestras vidas, vuestras emociones y pensamientos. Pero claro: esta clase de amistades son de las peligrosas porque ya se sabe que toda mafia se reserva, guarda en sus recámaras una bala que lleva escrito tu nombre, por lo que siempre tendrás que andarte con mucho ojo. Y, por tanto, tener un amigo poeta no sólo da un poco de vergüenza, sino también bastante miedo, ya que en cualquier momento podría ponerte un poema en la sien y volarte los sesos con un verso del nueve corto, que es la munición que ellos emplean cuando quieren dar pasaporte (literario) a un viejo amigo que les ha traicionado pasándose a la novela...
Cultivar la Poesía es tener una creencia, ser un adepto, vivir en el seno de la divinidad. Por ejemplo: el poeta vive en la fe de los versos porque este es el lenguaje de su diosa, la Poesía, y, en cuanto hombre, él no obtiene su sentido sino de "la palabra de la Diosa". Así, pues, tener un amigo poeta es más o menos como tener un contacto dentro de una fratría mafiosa, una especie de "padrino" siempre dispuesto a hacerte cualquier favor a cambio de que tú admitas tener con él un vínculo de sangre, un origen común, una deuda genética que os hace inseparables por más que difieran vuestras vidas, vuestras emociones y pensamientos. Pero claro: esta clase de amistades son de las peligrosas porque ya se sabe que toda mafia se reserva, guarda en sus recámaras una bala que lleva escrito tu nombre, por lo que siempre tendrás que andarte con mucho ojo. Y, por tanto, tener un amigo poeta no sólo da un poco de vergüenza, sino también bastante miedo, ya que en cualquier momento podría ponerte un poema en la sien y volarte los sesos con un verso del nueve corto, que es la munición que ellos emplean cuando quieren dar pasaporte (literario) a un viejo amigo que les ha traicionado pasándose a la novela...
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