Simplemente hay días en que no debería amanecer, días en que la noche es el mejor futuro al que podremos aspirar jamás y la perspectiva de la acción, de cualquier acción, la menos atractiva del mundo... Esta es la pregunta del millón: ¿cuándo dejaré de hacer y me limitaré a contemplar? ¿Cuándo el vulgar héroe que actúa en mi y por mí dejará su sitio al santo estúpido desprovisto de ambiciones y apetitos?... Y esta la respuesta que no vale un céntimo: cuando abomine del futuro feliz, esa pesadilla del hombre que sueña con dejar su propia impronta en la memoria de alguien que, a fin de cuentas, siempre será para él un desconocido/a...
Simplemente hay días que uno no debería vivir, y en los que solo debería escribir con las uñas, como hacen los falsos muertos que han sido enterrados vivos.
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