La escritura es una forma de la insania, no de la salud, y el escritor importante un tipo de loco, no un tipo "sano". De ahí que las personas que lo son (saludables) les miren con desconfianza y se muestren escépticas frente a todo lo que dicen, puesto que no se pueden confiar a los locos los asuntos serios que tienen que ver con la buena marcha del mundo y de los negocios, y menos todavía los más serios de todos que tienen que ver con la felicidad familiar y la educación de los hijos. No obstante, bastantes escritores (los más intelectuales y menos interesantes, tal vez) se obstinan, precisamente, en arreglarlos mediante, por ejemplo, una intervención directa en la política, lo que por lo general viene a ser algo así como que un elefante adulto se empeñe en emplearse como dependiente de una cacharrería, o como que una vela se proponga a sí misma como única fuente de iluminación en un polvorín: por muy buena voluntad que tengan, se convendrá conmigo en que tanto el paquidermo como la vela serían un peligro cierto en tales lugares, y que, después, lo más probable es que hubiera que declararlos "zonas catastróficas".
Por lo común, lo más cuerdo para una sociedad es que prescinda de cualquier sugerencia o consejo dado por un escritor que el acuerdo general considere como realmente imprescindible, y que, cuando este insista en ofrecérselos, le trate de la misma manera en que lo haría con un niño obstinado: pasándole paternalmente la mano por el pelo (si le queda alguno), y sobornándole a renglón seguido con una pequeña subvención monetaria para que se compre cualquier chuchería o juguete y deje de molestar a los mayores.
Porque, generalmente, si hay alguien que desconoce a fondo qué es mejor para una sociedad, es quien conoce, más a fondo aún, el alma humana, y, por tanto, siempre será preferible mantenerle al margen de todo aquello que nada tiene que ver con el alma o cualquier otra realidad abstracta del mismo cariz, A mi entender, el motivo que justifica esa marginación social es evidente: si un individuo no participa activamente de la vida, si solo la observa con atención para (gracias a su talento) reproducirla luego en una forma artística, ¿qué sentido tiene esperar de él otra cosa, esperar que transforme y mejore el funcionamiento de la compleja realidad en que se inspira, de una materia en bruto que él solo utiliza en cuanto barro informe que admite ser modelado a capricho siempre que se construya una ficción, pero no cuando lo que se persigue es modificar el "barro" en profundidad, en sus partes constituyentes y en las crónicas relaciones establecidas entre esas partes?... A mi juicio es completamente absurdo esperar tal cosa de un artista. (Ahora bien, también creo que no hay nada más específicamente humano que poner nuestra última esperanza en un absurdo).
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