"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

martes, 21 de junio de 2016

Los prismáticos de Cioran

Una vez que comprendes que todo está dicho, y mejor de lo que tú podrías expresarlo jamás, pueden ocurrir dos cosas: o que te calles para siempre, o bien (henchido de confianza, puesto que ya sabes que todo lo que tú digas será repetitivo e intrascendente) decirlo todo de nuevo pero a tu manera, pues es esa manera la única trascendencia que el mundo aún no conoce y que todavía sigue a tu alcance, de nadie más.
La única pregunta es: ¿Y por qué crees tú que el mundo precisa conocer tu modo personal de decir las cosas?... La respuesta, por supuesto, es que no lo necesita; que, si alguien lo necesita, es mi impudor, mi desvergüenza, en definitiva: mi talento. La respuesta más sincera es esta: yo no soy sabio (ni lo pretendo) por la sencilla razón de que la sabiduría es nefasta para la genialidad artística, genialidad a la que "en todos los casos le apetece agotarse, auto-destruirse edificando su obra en detrimento de su vida", como bien dijo en su día el sabio Cioran que, para su fortuna, nunca tuvo un ápice de genio creador, y solo contaba con un cerebro superinteligente que él usaba a la manera de unos prismáticos para ver más claro y más lejos en el fondo de cualquier alma humana que, misteriosa y acaso absurdamente, necesita crear para trascenderse a sí misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario