En lo más profundo de mí mismo siento que la acción es el error, y la ciencia de no mover un músculo, del quedarse quieto contemplando, es la que yo quisiera aprender y dominar. Soy un pariente vivo de todo lo inerte que respira en punto muerto, al ralentí, y solo admiro el valor de las inteligencias que, lejos de asustarse por su inoperancia práctica, no se refugian jamás en el hacer a ultranza. De todas las antologías poéticas que se han publicado a lo largo de la historia, yo solo salvaría este verso antológico de Carlos Oroza: "Actividad... ¡qué pena!"
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