La dictadura de la diosa Necesidad hace a los hombres esclavos, y ni siquiera el rico es otra cosa mientras piense solo en su dinero, en no perderlo. Por eso solo es libre el espíritu del artista que, sin tener ni creer en nada, tampoco en el Arte y en la Libertad, se entrega libremente a estos caprichos por darse un lujo que, a su alrededor, todos los demás están de acuerdo que no puede permitirse. El mejor termómetro de la libertad es esta conjura unánime en nuestra contra, pues ella, la libertad, solo puede existir sitiada por el imperio de la sensatez. Como aquella aldea gala, ¿recordáis?... (Así que de lo único que debemos preocuparnos es de que no se agote la poción mágica).
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