"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

martes, 12 de julio de 2016

Nada que hacer

¿Qué es una vida activa?  Lo dice la propia palabra: una vida que se espanta ante el mero pensamiento de no encontrar nada que hacer, una vida que se pasa la vida haciendo cualquier cosa a todo trance, o sea, haciendo el ridículo y poco más. El que es pobre lo hace porque no tiene más remedio, y el que no lo es porque no tiene más imaginación que la de actuar. Pero ninguno de los dos tiene disculpa porque hacer el ridículo es muy triste, y nuestra tristeza no tiene perdón de Dios por más que nos la perdonen nuestros amigos. Por eso la vida moderna es tan estúpida: porque ni a tiros entiende que moverse no es natural, que por naturaleza lo que es bello y noble no se mueve ni a punta de pistola. Y de ahí que, por ejemplo, se le caiga la baba ante los ases del deporte que viven para batir récords. Y de ahí que le escandalice que alguien afirme que un estadio o un gimnasio son sitios poco recomendables, y, en todo caso, mucho más peligrosos que un fumadero de opio. La vida moderna necesitaría con urgencia una bomba nihilista en sus cimientos, si no fuera porque no hay nada más moderno que poner bombas y, por tanto, para no caer en contradicción, lo coherente es desistir de hacerla saltar por los aires. (Además, hacer tal cosa sería hacer algo, después de todo, y ya hemos establecido que hacer algo, lo que sea, es simplemente hacer el ridículo). 

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