En general, a nosotros, los hombres, ni siquiera al Cielo nos gustaría ir solos: cada cual a su hora, como dice el dicho popular. Por eso, en el fondo de nuestras míseras almas, nunca nos resignaremos a desechar el antiquísimo mito del Apocalipsis, pues... ¡qué enorme consuelo el que la especie entera muera a la vez! (No hay que olvidar que, en la nuestra, es tal el número de ególatras que hasta, en su día, se nos hizo tremendamente necesaria la ocurrencia de inventar un dios ideal a muestra imagen y semejanza).
No hay comentarios:
Publicar un comentario