El arte de domesticar el miedo, esa fiera de dientes afilados y venenosos, es, en realidad, el verdadero trabajo de un artista que no tiene el triunfo entre sus posibilidades, de un artista que es incapaz de ganar reconocimiento o dinero con su arte. La receta es fácil de recordar, pero difícil, muy difícil de poner en práctica: "Tienes que mantenerte inmóvil, sin parpadear, y mirarle continua y directamente a los ojos, como si estuvieras a menos de un palmo de distancia de una cobra". Si no lo consigues, si haces un movimiento en falso, por mínimo que sea, date por muerto. Con él no sirve la huida porque su reacción será más rápida que cualquier intento de fuga por tu parte, y después ya solo serás un cadáver andante hasta que su veneno haga efecto. No obstante será inevitable que quieras salir por patas y, por tanto, no has de olvidarlo nunca: tu única salvación está en reprimir ese deseo con todas tus fuerzas pues, si a él te entregas, todo acabará para ti en un instante. Recuérdalo: ese deseo es para nosotros tan comprensible como fatal, así que mantente firme y no parpadees.
No hay comentarios:
Publicar un comentario