"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

martes, 26 de julio de 2016

Se equivocó la paloma, se equivocaba...

Sinceramente, desconozco de dónde habrá salido la idea de hacer de la paloma un símbolo de la paz, como no sea del hecho histórico que hubo un tiempo en que estas aves trabajaban de carteros y pertenecían, por así decirlo, al cuerpo de Correos, cuando no al cuerpo diplomático de sus países de origen. Pero hoy en día que la mensajería en general, y la digital en particular, las ha retirado de la profesión, hay quien ya propone retirarles también ese símbolo honorífico, el de la paz, pues es un hecho que allá por dónde van solo dan problemas con sus defecaciones indiscriminadas y su hambrienta mendicidad que, en calles y plazas, acosa de continuo a los honrados comerciantes y a los no menos honrados turistas que sostienen sus negocios. Como símbolo útil a la humanidad, se puede decir que la paloma ha causado baja en esa plantilla (la de los símbolos universales) y ha tenido que acogerse al paro, como tantos y tantos trabajadores condenados por la crisis global a un ocio no deseado. En la actualidad no tiene nada que hacer, y por eso callejea de la mañana a la noche pidiendo limosna con su constante zureo, que, por otra parte, imita a la perfección la pedigüeña cantinela que recitan los mendigos "globales" con el mismo fin. Ahora solo suscita entre la gente de bien una honda preocupación y un creciente malestar, porque (como pasa con los mendigos del ejemplo) esa gente teme que pronto se reproduzca y multiplique exponencialmente hasta convertirse en una plaga. Ahora cada vez está más claro que, como decía la canción, la paloma se equivocó de oficio ("se equivocó la paloma, se equivocaba"), y que debía haber estudiado para gavilán o, incluso, para rata. ¿Por qué no, si después de todo ya hay quien las califica de "roedores aéreos", de "ratas del aire"...? Sinceramente, no sé qué pensará la paloma de todo esto, pero me temo que esté empezando a deprimirse y a preguntarse de forma obsesiva para qué coño le sirven a ella las alas a estas alturas...   

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