Se supone que un médico ha de ser, ya sea por naturaleza o por sentido de la responsabilidad, un "capitán de la sensatez": por eso, fundamentalmente, no me explico que yo lograse concluir mis estudios y obtener el título. ¿Cómo fue posible para mí tal conquista?... No lo sé, pero tal vez influyó bastante mi actitud acomodaticia, en general. O mi lentitud a la hora de reaccionar a las situaciones en que me veo atrapado. O unos padres patéticos y lamentables, sin confianza en la vida, en lo que ellos habían puesto en marcha. O las amistades equivocadas, o... ¡Qué sé yo!: tal vez, y más que nada, lo conseguí gracias a mi pereza congénita y al carácter laxo, "poco musculado", que, por lo común, se le apareja. Lo cierto es que me licencié en Medicina y Cirugía, y que ese logro inexplicable condicionó mi vida de mala manera, porque mi verdadera vocación era otra (todavía no sé cuál, pero otra, y no necesariamente la de "señorito" con tendencia al dolce far niente, puesto que no soporto perder el tiempo con la admirable y agradable holganza que lo hacen esos afortunados).
Se podría pensar que mi vocación natural es la de escritor, porque escribir es lo que hago todos los días, pero es dudoso que pueda afirmarse algo así, pues también respiro todos los días y no por ello me atrevería a decir que yo tenga la "vocación de respirar". Escribo porque respiro, eso es lo máximo que yo podría afirmar de mí mismo; pero no que tenga la vocación de escribir porque, entre otras cosas, no sé si existen en verdad las vocaciones personales. Más bien creo que un hombre, cualquier hombre, puede ser muchas cosas distintas, y que es una época estúpida la que le obliga a dedicarse a una sola. Más bien pienso que eso de la vocación es una coartada que uno utiliza para justificar, no tanto sus inclinaciones o apetencias, sino su escasa curiosidad vital, su falta de interés real en explorar las múltiples posibilidades que, por el hecho de estar vivo, se abren a cada paso para su destino.
Porque... ¿por qué debería uno limitar su condición humana a una sola faceta de la humanidad? ¿Por qué conformarse con ser médico o escritor cuando a la humanidad le vendría infinitamente mejor que fuéramos, por ejemplo, payasos o albañiles, si se atiende al hecho innegable de que dispensar con generosidad nuestro sentido del humor suele ser más beneficioso para la salud pública que recetar fármacos a diestro y siniestro, o que saber edificar una casa colocando un ladrillo detrás de otro es, no solo más útil, sino más necesario y satisfactorio que saber poner una palabra a continuación de otra para construir una obra literaria cuya calidad siempre será discutible, independientemente de si es buena o mala? En definitiva: ¿por qué conformarse con ser algo, o alguien en concreto, cuando, siendo solo el que somos, podemos ser cualquiera y hacer lo que nos dé la gana en cada momento? Y, por último y más importante: ¿qué nos importarían, en tal caso, las vocaciones?... Yo os lo diré: nada, porque entonces hacer algo, cualquier cosa, sería como respirar, y respirar no cuesta nada... todavía.
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