Sin alegría la vida cansa de tal modo que cualquier esfuerzo, el mínimo incluso, nos parece tan gigantesco como aquel en que se empeñaba Sísifo. ¿Y qué hago ahora con la piedra de mi vida?... Elige: tienes varias opciones. Una: cargarla de nuevo sobre los hombros y volver a subir la cuesta. Dos: atártela al cuello y tirarte por la borda. Tres: demolerla metódicamente y reducirla a polvo antes que ella haga lo mismo contigo... Si quieres mi opinión yo te aconsejaría esta última: su ventaja es que el viento puede hacer por ti el arduo trabajo de acarrearla de un lugar a otro.
Sin alegría la existencia es pétrea y ya solo queda grabar sobre ella un epitafio para que signifique algo, aunque no más sea el tiempo que se ha perdido en hacer este descubrimiento. Si quieres mi consejo, yo opino que mejor es que te alegres de cualquier manera y a cualquier precio... Pero yo no soy quien para dar consejos y, por eso, te doy la mano y escondo mi propia "piedra".